Antes de nada quiero pedir disculpas por si alguien se ofende. No quiero que nadie se moleste. No quiero, ni muchísimo menos, parecer lo que no es, sino dar mi opinión, que viene de hace tiempo y que no tiene por qué ser ni mejor ni peor que la de los demás. Nadie está por encima del bien ni del mal, ni tiene la verdad absoluta ni la sabiduría total. Yo, mucho menos. Es simplemente eso, una opinión, la mía.
Dice Eugenio Trías, eminente filósofo, que la audacia del pensamiento consiste en encontrar alguna respuesta respecto al reto de la verdad, pero asumida de forma crítica, no dogmática. Hemos padecido una razón ensoberbecida, incapaz de conocer sus propios límites.
Viento. Hace unos días había viento y me llamaron para hacer windsurf. Me apetecía, aunque hace tiempo que no hago y me he ido. Ahora todo es kitesurf. Siempre me pareció de snobs, pero lo he probado y he de reconocer que está muy bien. Rectificar es de sabios. No me duelen prendas reconocer mis errores. Si es, es. Normalmente hasta que no veo el error no doy mi brazo a torcer. Se me debe demostrar. Tal vez sea uno de mis puntos flacos. Debería ser más flexible y aceptar antes, pero soy así; es algo que debo modificar, pues en caso contrario me perderé cosas y cometeré errores. Me han presentado a una chica que lo hace, y hemos estado hablando largo y tendido. Buena conversación. En la comida, al lado de la playa, en determinado momento surgió el tema de la autoayuda, de Coelho, Deepak Chopra, Osho… No tengo nada en contra de cualquier escritor ni de lo que escribe ni como lo escribe. Respeto todo, aunque no lo comparta. Pero no puedo evitar tener mis opiniones al respecto. Pero para poder tener una opinión hay que conocerlos, leerlos, analizarlos, pensarlos, ver otras opiniones y sacar tu propia conclusión. Coelho, como dijo alguien que leí, es un moralista frustrado, porque la forma en que propugna escapar de la realidad y la forma en que enseña sobre la vida es mediocre e insustancial. Desde un principio me parecieron malos, en cuanto a la forma y en cuanto al fondo. Aunque sus frases pueden ser bonitas, agradables, y creer que en ellas está la respuesta a lo que buscas, a lo que necesitas. Esta mujer es adicta a él. Ha tenido una pérdida reciente, de la que no voy a entrar en detalles, y necesita paz a raudales. Y se abandona a la palabrería fácil de estos pseudomaestros, sobre todo Coelho, porque necesita que alguien le diga entre mentiras que hay esperanza, sin ir más allá, sin tener que ser uno mismo el que se desentrañe, sin ir a los de verdad. Y la envidio, como envidio a la gente que tiene una ideología o una religión clara que promete un presente o un futuro lleno de esperanza y armonía, pero mi camino va por otro lado, quizá equivocado, no lo sé. Pero sí tengo claro que lo mío no es eso, tan fácil, tan vago, tan falso. Prefiero la suave cadencia de la vida, el dejar que la vida fluya, como el río, no estar ciego y que me dirija un tuerto, o un ciego, sino abrir los ojos por mí mismo y por quien de verdad piensa con profundidad, y no estos pseudo filósofos que nos dirigen hacia la autosuperación. Su discurso, y leí a Coelho, pues en caso contrario no me atrevería a opinar, es vacuo, insustancial, tedioso si se analiza desde la inteligencia, (y no quiero decir que quienes lo lean y crean ,no sean inteligentes, sino que tienen necesidades emocionales tremendas y buscan la solución a sus problemas en ellos, fuera de ellos mismos, porque se sienten incapaces, porque no conocen otros, quizá, a los especialistas, los serios y profundos; tal vez por la comodidad; no lo sé, y es respetable, por supuesto); la filosofía que pretende usar es sinceramente irrisoria y pueril, nos trata de narrar una historia por medio de hechos prosaicos, que sólo puede conducir a la risa o a la indignación. Estas cosas sólo pueden servir para hechos concretos y simples, pero aplicado a problemas más serios como el desajuste entre la realidad y los deseos, no sirven. En todos sus libros, que no logré terminar en su mayoría (sólo terminé El alquimista y porque fue un regalo; otros dos los empecé y no pude), me encontré con lo mismo: moralina a raudales, karma, pseudo religiosidad y sobre todo consejos para ser una mejor persona, para que tu esencia emane paz y amor. Terrible. Porque la vida es mucho más. Porque en la vida hay tristeza y se debe aceptar, y tratar de superar; maldad, que hay que tratar de modificar, y si es propia, eliminar… y además aunque hagas el bien, los caminos que sigas pueden estar plagados de trampas, que hay que sortear. Y con el sufrimiento no se llega mucho más lejos que con el bienestar. Esa es otra de sus grandes falacias. Y no es que lo diga yo, que sí, lo dice gente mucho más inteligente, sabia y preparada que yo, especialistas en el ser humano y sus problemas, filósofos, psicólogos, escritores. Y lo triste es que muchas personas van a estos pseudo guías espirituales buscando la salvación, y se dejan enganchar, como esta mujer que acabo de conocer. Yo prefiero, siempre, la vida real, y lo que hacen, escriben o piensan los hombres profundos, los filósofos, los psicólogos, los artistas, los científicos, los escritores de verdad. Porque sus temas son reales: la tristeza, la angustia, los elementos deprimentes, pero también los lúdicos y los rigurosos, la melancolía y la alegría y, a veces, muestran la esperanza de verdad. En el silencio gritamos hasta la extenuación, pero al final nos acostumbramos y nos dejamos ir por esos caminos tan fáciles, cómodos e ilusorios. Hay que buscarse para encontrarse, pero en la vida, no en la pseudo vida, en la pseudo filosofía. Y sí, hay que estar dispuesto a perderse para poder encontrase, pero dentro de uno y fuera de las pseudo filosofías, de las falsas ayudas, de las autoayudas. Viviendo la vida, entre las personas. Porque tiene que estar oscuro para que veamos la luz, para que la conozcamos. Estos escritores están bien para reírse un poco de sí mismo, para detalles simples, sin importancia. Pero si la vida está en el límite, si los problemas emocionales son serios, profundos, como los de esta mujer, hay que ir a lo de verdad, leer a los clásicos, leer a los especialistas, a los científicos, o ir a ellos. Por ejemplo "La Odisea", desde dentro, viendo como es el camino, que te pone un espejo en el alma y si sabes leer te muestra las metas de las personas. Pero la elección es de cada uno. Y tal vez el equivocado sea yo. Es posible, pero prefiero a Homero, a Kipling, a Becquet, a Hobbes, a Buda, a Lao Tse, que a estos. E insisto, puede que el equivocado sea yo. Porque no es que yo esté en mejor situación, quizá, que no es la ideal, ni es uno de mis mejores momentos, pero el camino escogido es otro bien distinto, de búsqueda interior, de escuchar a quien sabe, piensa, siente y vive de verdad, a quien me quiere de verdad, sin interés; de búsqueda de personas de verdad, no de medianías, no de la apariencia, no de pseudofilósofos, sino de los de verdad, de los que mediante el raciocinio, la ciencia, el pensamiento profundo y real analizan los problemas, los particulares y te ayudan a encontrar el camino, tu camino, con elementos reales, de verdad. Y quizá esté equivocado. No estoy en posesión de la verdad. Me equivoco muchísimo. Tengo alguna virtud y mil defectos. Y respeto a todos los que tomen cualquier camino o decisión, porque es así como debe ser, porque todos somos distintos, ni mejores ni peores, sólo distintos; unos intentando salir y buscar por un lado, otros por otro, y otros, los más, conformándose con estar como están, sin más. Sólo busco estar tranquilo, aprender, ser y vivir la vida como se debe, con todo lo que ella tiene, que es mucho, porque la vida es un regalo, aunque cuesta a veces un horror, porque es duro vivir, porque es arduo, aunque hermoso, porque no encuentras con quién, porque es muy difícil encontrar, y de ahí la soledad, a veces. Pero ahí estamos, intentándolo. El viento que te empuja a coger las olas y deslizar por la superficie del agua, y a veces volar. Un placer.
Algunas opiniones más sobre esto. Héctor Abad Faciolince. Uno de los mejores escritores colombianos de los noventa. En www.elmalpensante.com, desmonta el discurso cursi, espiritual y mercantil de Coehlo. Y a continuación la contestación de Coelho a alguien que no opina como él. Hay que ver su lenguaje, sus insultos y ver entrelíneas su ideología…
Señor Jose A. Pérez y lectores del blog Mi Mesa Cojea: Ante la polémica desatada por mi cuento titulado El pastor y el camello, quiero manifestar lo siguiente:


