13/11/13
Ex/nsueños
16/11/12
Estribaciones
13/11/12
Una flor de otro tiempo
13/5/12
En los suburbios de la ciénaga
3/5/12
Llueve sobre Berlín
18/4/12
Alfa
Santa Cruz de Maderuelo. SegoviaTodos andan despacio, como a impulsos desacompasados. ¿Por qué regresan los idos?
Hay árboles por doquier, en filas que dibujan espacios, líneas con sentidos. Un niño posa sus pies descalzos en la piel de un árbol muerto caido sobre la corriente embravecida de un torrente de montaña.
¿Cómo predecimos la muerte? ¿Cómo la pensamos? ¿Cómo la vivimos? Hay tacto en el tacto de la piel del talón de un recién nacido. Como la lluvia de polen, como sentimos la vida. Así debería.
Cada vez que me acojo entre las hayas de los bosques, de los helechos, de los líquenes, entre la bruma, entre la noche, me encuentro conmigo, contigo, con ella, y me encojo.
Llueven plumas en primavera.
Broadway and mercy.
Grocery Center.
Sigue lloviendo perfume pientras abrazo al niño.
Sonrisa.
18/2/12
Jano bifronte
Como la lentitud de una hoja cayendo, en el cálido aire de un otoño soñado. Como la delicadeza del sonido que produce un suspiro. Como el alma de un violín herido por el desgarro. Así, casi con desmayo. Cada vez que adivino el sentido escondido de frases sin tiempo. En ti no hay caminos. El viento no lacera. Sé. Milenios de angustias, Jano. Y sé, también, qué hay en cada pupila un reflejo mientras la lluvia resbala mi rostro, y que el llanto perdido de alguien me aleja. El sueño es así. Y te veo en cada sonrisa que muestro, de ti, cada vez que lo haces, por mí. Tal vez para mí. Los regueros de angustia salina sellaron la paz. Ya es tiempo. Ahora sólo a ti miro, y lavo el siento de años, milenios tal vez. Tan lento que a veces...
En ti.
Cada tiempo es un tiempo pero este es el tiempo, mi tiempo. Por ti. Cada vez que te veo siento el rocío de vida que derramas en pétalos de agua. Apareces así, tan absolutamente natural, que sólo cabe estar, para ti.
2/2/12
Dionisos
Ricardo Rodríguez García. "Dionisos y sus invitados"Hubo un tiempo en que la luz no se quebraba. Era un tiempo de místicos y de ascetas. Hoy sólo quedan comerciantes.
Oigo el quejido de la mecedora en que descanso el cansancio de mis huesos, y el sonido de un cuco que ya no sale de ese reloj de pared que cuelga al lado y que lleva parado eternidades. Son sonidos tan familiares que apenas reparo en ellos, sólo de vez en vez lo hago por sentir los espacios. Quizás ni están y yo los llevo.
Las nubes ocultan ya el ocaso, o será la noche que de nuevo extiende su suave sueño. Otra noche de otro día, de otro año, ya de tantos. No hay suficientes muertos para el destierro.
Anoche te oí llegar, con tu lúgubre y fétido olor a muerto. Habéis sido tantas que no sé ni cómo respirar puedo. Y aquí sigo, aquí me quedo.
Reinventan a Apolo enterrando a Dionisos.
10/1/12
Wang
No soy un iconoclasta, pero si un libertario. Yo no negocio, y no comercio en este mundo absurdo y que amo tanto sin embargo, donde todo es agua, comercio, canje. Yo soy otro.
14/12/11
Detalles
Y hay detalles, también, que alejan con una constancia desgarradora, como un deceso anunciado, como el adiós a un ciego en el andén de una estación de tren, vacía, con la mano levantada, mirándote sin ver.
1/12/11
Haz como yo, mira los pájaros
Joanna ChrobackSuelo mirar a los pájaros cuando se posan en las baldosas rotas para beber el agua de esos pequeños charcos, casi lagunas para ellos. Andan a saltos, los gorriones. Me gustan. Las palomas se contonean, sin gracilidad alguna,
Siento la lluvia. Despacio. A veces golpea con más intensidad. Hoy. Los sonidos ásperos elevan palabras sin sentido, hacia nadie, y sin embargo provocan lo innecesario. Aún no sé porqué.
Los árboles se convierten al amarillo, esa religión oficial tan extendida en los otoños cálidos. Suelo mirar con fijeza buscando un cromatismo negado a la mayoría no sé muy bien porqué. Sí, ¿pero qué importancia tiene? El agua no deja ser. El miedo más bien. El miedo al agua. Regueros de agua de lluvia por doquier. Hoy es ayer. Mañana no fue.
Llueve otra vez. Estoy oyendo cantar jazz.
16/11/11
Era
Paul Delvaux. Homenaje a Jules Verne9/11/11
Murmullo
¿Has visto caer una pluma? Tan extremadamente suave, tan sutilmente delicado, y sin embargo, sin una ráfaga de aire no es nada, apenas nada, una pluma apenas sobre una calle gris, adoquinada y desierta. Tan solo un detalle, un murmullo apagado, un punto y aparte. Nada.
25/9/11
Soñar tus ojos

La lluvia regala espacios de seda azul, como a intervalos. Gotas de agua que se deslizan, ríos de apagadas lágrimas, tan solo pasos.
Quizás...
Y no sé y no acierto y pienso que...
Y a veces siento. Y quiero decirte eso que siento, pero no sé hacerlo. Yo soy pequeño, soy sólo un niño que ríe y llora, un hombre solo y sólo un hombre con sólo un alma, que ríe y llora y a veces canta. Sólo conozco el sonido de las palabras entre la lluvia cuando me moja, cómo me acogen.
Dame la mano y dime si esas lágrimas riegan tus ojos. Mira en mi alma.
Es un descanso soñar tus ojos. Te he visto dentro, créeme, y es ahí donde quiero soñar despierto. Quizá sea mucho, quizás no tanto. Soy solo un niño, tú ya lo sabes.
13/6/11
La sustancia de la vida
Ese instante fue así. Y hubo otros, pocos bien es cierto, pero intensos, absolutos; siempre antes.
¿Alguna vez has sentido algo así como si se detuviese el tiempo, como si toda trascendencia dejara de serlo, como si todo transcurriese con una lentitud eterna, como si pudieses escuchar la caída de una hoja de árbol, aun tan leve, como si pudieses paladear, casi, el tiempo? Hay días, contados, momentos en la vida que, por determinadas circunstancias, las sensaciones se exacerban hasta límites inverosímiles, donde sentimos de una forma que apenas logramos comprender, menos, aún, expresar, y, desde luego, jamás asir. Algo así como esos momentos de verano, tal vez en la juventud, seguro en la infancia, tumbado bajo la sombra de los chopos, en los juncales, a la vera del río que habla, apenas, que sólo murmura. Sumido en el intenso sonido del calor de la siesta, tan delicado que ni los pájaros osan romper su encanto. Oyendo el leve temblor del aire cuando una rana salta al agua. Y las cigarras… En la atmósfera densa del aire cálido, adormecido en las partículas suspendidas en un suspiro, quieto, casi perdido. Y la imagen de aquella niña, morena, de ojos negros y piernas eternas en pantalones cortos, azules. Y su sonrisa…
El tiempo lento, detenido…
Algo así debe ser estar enamorado, o así lo entiendo.
16/5/11
Naturaleza muerta
Pela la naranja como si de un acto místico se tratara, como si formase parte de la liturgia religiosa de una secta minoritaria, recién escindida, perseguida. Levanta la mirada de vez en vez, para evitar ser sorprendida en ese amoroso acto previo a la comunión. Chupa con fruición un gajo.
Hace viento fuera. Ligeramente fuerte. No molesta. Suaviza, por otra parte, el sol que quema. Me gusta la primavera de esta tierra, me recuerda los finales de agosto de la Provenza, aunque falta el sonido de las cigarras. El azul del cielo es intenso. El aire huele distinto, denso. Matices de un olor espeso. Apenas el sonido de algún ave, de apenas coches, casi todo es silencio, sólo mirada.
Un llavero escueto sobre la mesa, de metal, sencillo, que encierra llaves. Casi perfecto. Plano. Cuatro lados que delimitan una calavera fumando, sobre fondo negro. Ese van Gogh de aprendizaje, uno de sus humores. Abruma la sencillez del metal gris, sus precisas formas. El pequeño cable de trenzados hilos de acero que une los agujeros de las llaves. Las tenues formas de la simplicidad de la belleza sobre un libro de tapas rojas y pequeñas letras blancas (Ángel Bahamonde. Extraño juego de palabras. Qué curioso es el lenguaje, y divertido si sabemos jugar con él). La mesa verde, casi apagada. Triste. Hay, sobre ella, en la otra esquina, un vaso de plástico, horrible, de un blanco raspado, opaco. Letras rojas, y el logotipo de un sindicato (no podía ser de otra forma. La dilución, en ese aspecto, aún no ha llegado). Un clip en el borde; dos lápices, de color verde, dentro, y un bolígrafo mordido. Un asa tiene, en forma de oreja extraña.
Papeles blancos y letras negras. Un libro en otro idioma, sobre ellos, hace las veces de pisapapeles. La pasta gris. Escuálido, promesa de un vacío interior. Cuatro jóvenes dibujados, dos de cada sexo, en esa tapa. Los de en medio coloreados. Estética de cómic, de cómic depresivo, y deprimente. Guapos, esbeltos, bien vestidos. Idiotas e idiotizados. Recomendado libro de lectura de alguna vaciada asignatura.
La mosca se ha ido, sin duda huyendo de este espacio, de este Centro, buscando la vida en su extraño mundo. Tal vez sea la mejor opción, porque éste no es sino una naturaleza muerta. Y bien muerta, apostillaría.
29/3/11
Los matices del color
12/3/11
Tienes nombre de oasis
Hay quien se ciega, incluso, con el halo de la luna. Levantan la mirada en la noche y sólo ven algo, como gotas de agua, brillantes, suspendidas en un papel de cartón que todo lo cubre, oscuro, un poco más arriba del espacio que habitan y por el que se mueven.Y a veces, sólo a veces, sale el sol y alarga su sombra. Una más de sus bombillas vitales.
¿Habéis visto el baile de las luciérnagas en la noche?
Y sé... Y sé que la venganza del amor sólo es un mar de sargazos, y la del deseo... la del deseo es el amor, ese extraño que comparte mi espacio vital. Todo un exceso.
Tienes nombre de oasis.
Yo he visto llorar las estrellas, al levantar la vista para mirar. Otro de mis excesos que no puedo evitar.
22/2/11
Nuestros silencios
Véndeme palabras, me dicen. Yo les venderé silencios, y más caros.
30/1/11
Veredas frías
Cuadro del pintor ecuatoriano Milton Estrella Gaviria, de su serie "Árboles muertos en veredas frías".Como cuando todo se eleva.
Como la lluvia que cae sobre hojas no escritas.
Entre nanas que no se cantaron viven los niños que nunca lo fueron, que no son nada. Entre aires de dentro respiran las hojas caídas, al calor de una vela apagada.
Y miran, y vagan, con ellas, figuras que apenas ya andan entre las nadas; apenas presencias, apenas...
Como cuando todo se acaba.
En colores de noches cerradas, en desteñidas jornadas de ríos que no llevan agua, en noches sin luna.
Tránsitos lentos por rotos espacios, en leves murmullos de preces a nadie, más allá de la nada, al vacío, a la muerte, a Dios.
Como cuando todo se eleva.
Como cuando todo se acaba.








