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16/2/10

Diario de la estupidez suprema. Añadido I

Entre la pena y la nada elijo la pena, escribe Faulkner en “Las palmeras salvajes”. Y entre la estupidez y la ignorancia me quedo con ésta última, pues la ignorancia tiene cura pero la estupidez es eterna y no tiene límites; y si añadimos ambas, es un cóctel tal que más vale estar a resguardo, pues puede acabar con cualquiera. Lejos de mí, porque como dijo Camus, la estupidez insiste siempre y acaba convirtiendo a quien la roza en uno de sus acólitos. Pero hay personas que les gusta o necesitan rodearse de ella, de la estupidez, o de la tontez. Las razones… que cada cuál busque las suyas, si es que no tiene miedo de entrar en la verdad de uno mismo. Tal vez el deseo de tener amigos, el miedo a la soledad. ¿Y qué decir al respecto? Excluyamos las respuestas de los pseudo filósofos de tres al cuarto dedicados a crear frases vacías revestidas de apariencia pero llenas de puerilidad, la de los escritores autoayuda y demás caterva, y fijémonos en los grandes, en los sabios de verdad, en la filosofía. Decía Baroja, y decía bien, sin duda, que sólo los tontos tienen muchas amistades, y que el mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez. Si se le añade la de un gran filósofo como Demócrates, creo que la cuestión queda cerrada en ese sentido. Decía que la amistad de una persona sabia es mejor que la de todos los tontos. Mejor alejarnos de ellos, que no reprobarlos, pues de ellos sólo se puede aprender a no ser tonto o a no ser estúpido, y lo peor que nos puede pasar al estar con ellos es que acabemos convirtiéndonos en seres como ellos, tontos y estúpidos. ¿Hay mayor mal en esta vida? Y en el mundo abundan. Son como una plaga, pues todos lo que parecen estúpidos lo son, y la mitad de los que no lo parecen también lo son. Pero como no podía ser de otra manera, hay algo peor, y es lo que decía Luther King, que no hay en el mundo nada más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda. Y así va el mundo, un mundo en que los primeros defienden a los segundos por razones de no se qué; ensalzándose estos y perdiendo la dignidad aquellos. Triste sino el de los tiempos. Pero ¿qué hacer? Nada, absolutamente nada, pues nada se puede hacer. No hay más ciego que el que no quiere ver, y eso es ignorancia sincera o estupidez concienzuda. Ciegos en un mundo de ciegos. ¿Qué se puede hacer? Nada, pues hasta los dioses luchan en vano contra ella. Dejarlos a su merced y que se revuelquen en su podredumbre, como los cerdos que hozan en su propia porquería. Los que se regodean de estar ahí… Y los que no quieren salir por sus propias incertidumbres y sus miedos… Conozco casos en uno y otro sentido, muchos y variados, algunos ya relatados. Tal vez, más adelante, cuente alguna historia singular en ese sentido. Ahora sólo quiero descansar, leer un buen libro y mañana, con suerte, tener una buena conversación; el resto vendrá por sí solo. En unos días ascender otra vez una pared, saborear ese placer; quiero un buen vino para beber; y en unos más viajar, viajar en el mejor sentido de la palabra, Guatemala, México, sus volcanes, sus selvas, sus gentes, su cultura, mirar, aprender, ser; y más, mucho más. Vivir, fuera de esa estupidez general. Entre la pena y la nada me quedo con la pena, como Faulkner, porque forma parte de la vida, indisoluble. Pero hay más, sé donde está, sé buscarlo, sé vivir y, aunque cuesta, es por ahí por donde hay que ir, fuera de masas, de estúpidos, de tontos, de ciegos en este mundo de ciegos en que vivimos.

8/2/10

Vuelo

“Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera.”
“El hombre masa no atiende a razones.”
Ortega y Gasset: La rebelión de las masas.

Caminaba con la mirada entre las llamas y sus formas, como un poseso. Sus lenguas amarillas, moviéndose por dentro, en el azul urgente. Estuve, como preso, en cárceles intensas, ansiosas. Babeantes babosas al acecho, con botellas rotas en la mano, vidrio de desecho, esperando el sonido del portazo, para hincarlas en mi alma. Me quedo en el fuego. Porque, ¿quién soy yo?, ¿qué he hecho? Ni idea. Me pienso, pero en la línea que es, que es la que quiero; y me ayudo de esos necios, que como un coro de aduladores estúpidos, apoyan cualquier tesis para así poder seguir del ramal que los guía. Yo no soy de esos, ni perro guía ni oveja, prefiero volar entre el fuego, y quemarme, pero volando. Porque si no hago eso ¿qué soy y a dónde voy?, si sólo soy eso y no hay ni habrá más. Que mala es la renquera y la ceguera, que mala y lisonjera. Quiero, no quiero. Margarita torpe, margarita necia. Engaño al número. Tergiverso el pétalo. Olerla, no deshojarla. Fumo cigarrillos que llenan ceniceros, que inciensan el aire, que aplacan fuegos, y ese aroma oculta otros más placenteros. Y el alma se aquieta entre las volutas grises que suben desdibujando imágenes sobre paredes. Sombras. Nada más que sombras de los tiempos. A veces veo. Interior débil, cuánto te quiero. Qué débiles somos cuando nos creemos fuertes, y viéndonos así seguimos creyendo. Y preferimos lo otro, la languidez de la nada, la estupidez de los otros, y nos ocultamos que nada es nada, simplemente, pero lo vestimos de apariencia. Y lo seguimos, para no estar solos, no vaya a ser que… Llevo calcetines negros con puntos brillantes; zapatos marrones, de piel; pantalón vaquero, ajustado; camisa negra, de algodón suave; un pañuelo al cuello y un abrigo de paño negro; el pelo largo; barba de días; la sonrisa alegre; la mirada ausente; el pensar silente; el paso rápido, elegante. Busco por buscar algo, entreteniéndome, caminando por mi lugar de vida donde van parando y se van quedando, los menos, y los más se van marchando, porque no me acomodo ni me dejo llevar por lo vacuo, por lo fácil, por lo tonto. Mis manos son pequeñas, de suave tacto, de caricias lentas, de recorrer pausado. Así soy y así sigo caminando. Moviéndome entre el espíritu de la desesperanza, de la desesperación, del desaire. Y en él alzo mis alas, y en el lugar de la caída levanto el vuelo, como el ángel expulsado, siempre luchando, siempre queriendo, siempre subiendo. Y mientras, suena en el aire Cymbal rush, puro, elegante y delicado terciopelo negro.

26/12/09

Escritores autoayuda

Antes de nada quiero pedir disculpas por si alguien se ofende. No quiero que nadie se moleste. No quiero, ni muchísimo menos, parecer lo que no es, sino dar mi opinión, que viene de hace tiempo y que no tiene por qué ser ni mejor ni peor que la de los demás. Nadie está por encima del bien ni del mal, ni tiene la verdad absoluta ni la sabiduría total. Yo, mucho menos. Es simplemente eso, una opinión, la mía.
Dice Eugenio Trías, eminente filósofo, que la audacia del pensamiento consiste en encontrar alguna respuesta respecto al reto de la verdad, pero asumida de forma crítica, no dogmática. Hemos padecido una razón ensoberbecida, incapaz de conocer sus propios límites.

Viento. Hace unos días había viento y me llamaron para hacer windsurf. Me apetecía, aunque hace tiempo que no hago y me he ido. Ahora todo es kitesurf. Siempre me pareció de snobs, pero lo he probado y he de reconocer que está muy bien. Rectificar es de sabios. No me duelen prendas reconocer mis errores. Si es, es. Normalmente hasta que no veo el error no doy mi brazo a torcer. Se me debe demostrar. Tal vez sea uno de mis puntos flacos. Debería ser más flexible y aceptar antes, pero soy así; es algo que debo modificar, pues en caso contrario me perderé cosas y cometeré errores. Me han presentado a una chica que lo hace, y hemos estado hablando largo y tendido. Buena conversación. En la comida, al lado de la playa, en determinado momento surgió el tema de la autoayuda, de Coelho, Deepak Chopra, Osho… No tengo nada en contra de cualquier escritor ni de lo que escribe ni como lo escribe. Respeto todo, aunque no lo comparta. Pero no puedo evitar tener mis opiniones al respecto. Pero para poder tener una opinión hay que conocerlos, leerlos, analizarlos, pensarlos, ver otras opiniones y sacar tu propia conclusión. Coelho, como dijo alguien que leí, es un moralista frustrado, porque la forma en que propugna escapar de la realidad y la forma en que enseña sobre la vida es mediocre e insustancial. Desde un principio me parecieron malos, en cuanto a la forma y en cuanto al fondo. Aunque sus frases pueden ser bonitas, agradables, y creer que en ellas está la respuesta a lo que buscas, a lo que necesitas. Esta mujer es adicta a él. Ha tenido una pérdida reciente, de la que no voy a entrar en detalles, y necesita paz a raudales. Y se abandona a la palabrería fácil de estos pseudomaestros, sobre todo Coelho, porque necesita que alguien le diga entre mentiras que hay esperanza, sin ir más allá, sin tener que ser uno mismo el que se desentrañe, sin ir a los de verdad. Y la envidio, como envidio a la gente que tiene una ideología o una religión clara que promete un presente o un futuro lleno de esperanza y armonía, pero mi camino va por otro lado, quizá equivocado, no lo sé. Pero sí tengo claro que lo mío no es eso, tan fácil, tan vago, tan falso. Prefiero la suave cadencia de la vida, el dejar que la vida fluya, como el río, no estar ciego y que me dirija un tuerto, o un ciego, sino abrir los ojos por mí mismo y por quien de verdad piensa con profundidad, y no estos pseudo filósofos que nos dirigen hacia la autosuperación. Su discurso, y leí a Coelho, pues en caso contrario no me atrevería a opinar, es vacuo, insustancial, tedioso si se analiza desde la inteligencia, (y no quiero decir que quienes lo lean y crean ,no sean inteligentes, sino que tienen necesidades emocionales tremendas y buscan la solución a sus problemas en ellos, fuera de ellos mismos, porque se sienten incapaces, porque no conocen otros, quizá, a los especialistas, los serios y profundos; tal vez por la comodidad; no lo sé, y es respetable, por supuesto); la filosofía que pretende usar es sinceramente irrisoria y pueril, nos trata de narrar una historia por medio de hechos prosaicos, que sólo puede conducir a la risa o a la indignación. Estas cosas sólo pueden servir para hechos concretos y simples, pero aplicado a problemas más serios como el desajuste entre la realidad y los deseos, no sirven. En todos sus libros, que no logré terminar en su mayoría (sólo terminé El alquimista y porque fue un regalo; otros dos los empecé y no pude), me encontré con lo mismo: moralina a raudales, karma, pseudo religiosidad y sobre todo consejos para ser una mejor persona, para que tu esencia emane paz y amor. Terrible. Porque la vida es mucho más. Porque en la vida hay tristeza y se debe aceptar, y tratar de superar; maldad, que hay que tratar de modificar, y si es propia, eliminar… y además aunque hagas el bien, los caminos que sigas pueden estar plagados de trampas, que hay que sortear. Y con el sufrimiento no se llega mucho más lejos que con el bienestar. Esa es otra de sus grandes falacias. Y no es que lo diga yo, que sí, lo dice gente mucho más inteligente, sabia y preparada que yo, especialistas en el ser humano y sus problemas, filósofos, psicólogos, escritores. Y lo triste es que muchas personas van a estos pseudo guías espirituales buscando la salvación, y se dejan enganchar, como esta mujer que acabo de conocer. Yo prefiero, siempre, la vida real, y lo que hacen, escriben o piensan los hombres profundos, los filósofos, los psicólogos, los artistas, los científicos, los escritores de verdad. Porque sus temas son reales: la tristeza, la angustia, los elementos deprimentes, pero también los lúdicos y los rigurosos, la melancolía y la alegría y, a veces, muestran la esperanza de verdad. En el silencio gritamos hasta la extenuación, pero al final nos acostumbramos y nos dejamos ir por esos caminos tan fáciles, cómodos e ilusorios. Hay que buscarse para encontrarse, pero en la vida, no en la pseudo vida, en la pseudo filosofía. Y sí, hay que estar dispuesto a perderse para poder encontrase, pero dentro de uno y fuera de las pseudo filosofías, de las falsas ayudas, de las autoayudas. Viviendo la vida, entre las personas. Porque tiene que estar oscuro para que veamos la luz, para que la conozcamos. Estos escritores están bien para reírse un poco de sí mismo, para detalles simples, sin importancia. Pero si la vida está en el límite, si los problemas emocionales son serios, profundos, como los de esta mujer, hay que ir a lo de verdad, leer a los clásicos, leer a los especialistas, a los científicos, o ir a ellos. Por ejemplo "La Odisea", desde dentro, viendo como es el camino, que te pone un espejo en el alma y si sabes leer te muestra las metas de las personas. Pero la elección es de cada uno. Y tal vez el equivocado sea yo. Es posible, pero prefiero a Homero, a Kipling, a Becquet, a Hobbes, a Buda, a Lao Tse, que a estos. E insisto, puede que el equivocado sea yo. Porque no es que yo esté en mejor situación, quizá, que no es la ideal, ni es uno de mis mejores momentos, pero el camino escogido es otro bien distinto, de búsqueda interior, de escuchar a quien sabe, piensa, siente y vive de verdad, a quien me quiere de verdad, sin interés; de búsqueda de personas de verdad, no de medianías, no de la apariencia, no de pseudofilósofos, sino de los de verdad, de los que mediante el raciocinio, la ciencia, el pensamiento profundo y real analizan los problemas, los particulares y te ayudan a encontrar el camino, tu camino, con elementos reales, de verdad. Y quizá esté equivocado. No estoy en posesión de la verdad. Me equivoco muchísimo. Tengo alguna virtud y mil defectos. Y respeto a todos los que tomen cualquier camino o decisión, porque es así como debe ser, porque todos somos distintos, ni mejores ni peores, sólo distintos; unos intentando salir y buscar por un lado, otros por otro, y otros, los más, conformándose con estar como están, sin más. Sólo busco estar tranquilo, aprender, ser y vivir la vida como se debe, con todo lo que ella tiene, que es mucho, porque la vida es un regalo, aunque cuesta a veces un horror, porque es duro vivir, porque es arduo, aunque hermoso, porque no encuentras con quién, porque es muy difícil encontrar, y de ahí la soledad, a veces. Pero ahí estamos, intentándolo. El viento que te empuja a coger las olas y deslizar por la superficie del agua, y a veces volar. Un placer.

Algunas opiniones más sobre esto. Héctor Abad Faciolince. Uno de los mejores escritores colombianos de los noventa. En www.elmalpensante.com, desmonta el discurso cursi, espiritual y mercantil de Coehlo. Y a continuación la contestación de Coelho a alguien que no opina como él. Hay que ver su lenguaje, sus insultos y ver entrelíneas su ideología…

Señor Jose A. Pérez y lectores del blog Mi Mesa Cojea: Ante la polémica desatada por mi cuento titulado El pastor y el camello, quiero manifestar lo siguiente:

1. Que yo, Paulo Coehlo soy el único autor de la narración. La declaración de Jose A. Pérez respecto a su autoría es, por tanto, completamente falsa.

2. Que Periodista Digital tiene razón no sólo en esto, sino en todo lo que dice. Periodista Digital contiene siempre la verdad, incluso cuando parece una mierda estúpida copiada de un blog cualquiera de Internet.

3. Que el concepto de plagio es libre. Por ejemplo, si Periodista Digital publica el contenido de una entrada de un blog, con puntos y comas no es plagio. Pero si me plagian a mí, sí.

4. Que el autor de el blog titulado Mi Mesa Cojea es un sucio comunista, sin un ápice de inteligencia emocional, que sólo busca sembrar el caos y la confusión entre la sociedad española. Además de apoyar el plagio, apoya el aborto, el laicismo y el sexo desenfrenado sin mayores consecuencias a la mañana siguiente.

5. Que, al contrario de lo que sugieren ciertos comentaristas de tan despreciable blog, practicar el coito con un camello es completamente legítimo siempre que uno ame sinceramente al animal.

Paulo Coelho, escritor estrella muy equilibrado.

Y eso que iba a hablar de viento, de windsurf, de kitesurf, y de dos mujeres que se están fumando un habano en la mesa contigua a nosotros.


6/12/09

Títeres


Me gusta el centro en las mañanas de sábado. No existen las prisas de a diario, ni las malas caras del trabajo. Me gusta pasearlo y me gusta mirarlo. Me gusta el Mercado. Sus hechuras amplias, entre el modernismo y la arquitectura del hierro. Y cómo suenan los ecos de las palabras entre sus paredes, y sus gentes. Me gusta ese ir y venir sin pausa, las miradas a la mercadería, las conversaciones entre el vendedor y el cliente. Laberinto de vidas entre paredes altas. Ojos que miran buscando el detalle de algo más que lo vulgar, que lo de siempre. Puestos de colores, puestos vivos, reflejos.

Mi objetivo son los títeres. Y el asunto es, y el día, pero el lugar acompaña. Una plaza recoleta al sol de la mañana, y los dos puestos de flores, exteriores, más bonitos que tiene esta ciudad que da la espalda al color, recreándose en el triste e inmenso ocre que todo lo cubre y sus edificios grises, creyendo que sólo con el mar…. Y es, pero… Me recuerda, de lejos, la plaza Birrambla, allá en Granada, “la puerta del río”, con un café con leche, caliente, paseando a la gente con la mirada, y paseada, respirando los olores de las flores en sus mil quioscos, con la torre de la catedral apuntando al cielo, y el Zacatín a las espaldas. Pero no es allí, es aquí, y es una buena mañana, soleada, entre risas y alegrías, entre palabras. Unos hombres venden lotería a voz en grito, asegurando el gordo. Un payaso ofrece globos, a los niños, que convierte en figuras de animales de colores. El pelo naranja, y una careta que se acerca más a Scarie Movie que a la sonrisa de Charlot. Los niños huyen gritando y él los persigue.

Ir y venir del mercado, desde donde llega la inmensidad de sus murmullos y de sus ecos, de sus gentes. Y hay dos puestos de flores. Sólo dos, pero qué belleza, qué deleite. Cómo me gustan las flores. Es lujuria. La lujuria del color. Hay unas ramas, secas, cargadas de pequeñas bolas rojas, arracimadas. Rojo intenso. Mil matices de verde. Rosas blancas en ramos apretados, y rojas y amarillas. Y un delicado detalle de margaritas en azul índigo, el color que me recuerda y me reclama a otros tiempos; el color al que siempre fui adicto y que buscaba para vestir un cuello, para ensalzarlo. Delicado. Uno de los colores de Marruecos, del de dentro, desde dentro. Pero sólo hay un puñado de gente para mirarlas. Y es que la belleza no atrae, sólo la nada lo hace. En la terraza, en los veladores, unos extranjeros, con café con leche y agua con gas (Vichy catalán, por supuesto), que miran con ojos de sorpresa el vaivén de gente, el color que el sol resalta. Es otro espacio contrapuesto al suyo, diferente.

Y los títeres. Una pareja vestida de negro los prepara. Y mientras, tras el círculo que separa a la gente -unas treinta personas, no más (qué triste, pienso)- que se arracima, del escenario, suena una música de repente, un tango, y un hombre de frac lo baila con una muñeca entre sus brazos, zigzagueando entre las personas, sintiendo el tango, sonriendo serio a la sonrisa de la muñeca, moviendo el cuerpo al compás del sentimiento que destila la música y sus palabras tristes. Se para ante mí y gira la cabeza de ella mostrándome su sonrisa, acariciándome. Sonrío. Se vuelve en un requiebro del cuerpo y continúa su danza. La mayoría lo miran un momento y pasan de largo.

Comienzan los títeres, con sus hilos desde el cielo, que son las manos del hombre vestido de negro, moviendo sus pequeños cuerpos al compás de unos dedos delicados que los llevan con movimientos acompasados, surcando el espacio, cubriendo el tiempo, deshaciéndolo. Cuerpos pequeños que desgranan su hacer de siglos, al que los niños miran asombrados. Frankestein canta a Sinatra, My way, entre los rayos de un sol que acaricia. Sonrisas en la gente. Suavidades. Ojos que miran los movimientos, que se mueven con ellos, que siguen su baile, su vida con alma de madera, en pasos cortos, sostenida por los hilos de unas manos que regalan alma. Y Sammy Davis junior, y Elvis Presley, y un ratón multiplicado que abraza a los niños paseando con ellos por el baile de los sueños.

Una mujer busca un hueco para su hija, empujando. Intento acercarla apenas tocándola, con las manos, en los hombros, para que se coloque delante de mí. Me mira, la madre, con mala cara; la aparta. No es necesario, me dice, y crea un espacio entre ambos, empujando con su cuerpo. Y es que no estamos acostumbrados a recibir si no es a cambio de algo. Sólo a coger. Siempre se piensa que cuando te dan, te ofrecen, te regalan, es para exigirte algo, para pedirte algo. Como quiera, le contesto. Somos así. Ves a alguien desvalido, tratas de ayudarle y te pone mala cara, o acepta, pero piensa que detrás hay algo escondido, que tiene que devolverte algo. O más tarde, tras sonreírte, lo piensa, y se dice que era para sacarle algo, para aprovecharse, para obtener algo. No entendemos que dar es un placer, si no esperas nada a cambio. Que regalar es un regalo, sólo por ver la brillantez de los ojos de a quien has regalado, a quien has entregado. Pero no sabemos dar, mucho menos recibir. Así va este mundo, tan rápido, pero tan despacio, pareciendo lleno, pero vacío, sin sentimientos, sin alma, dando muecas en vez de sonrisas, apartando las manos. Almas secas que toman, que no dan nada. Y es que no hay nadie, no hay nada. Tantos y tanto, tan pocos y nada. No entienden que la vida es un regalo y que tiene tanto para mirar, para disfrutar, que podemos dar tanto sin esperar recibir a cambio, que las sonrisas, la sorpresa y el placer en el otro es el premio a regalar.

Paseo, tras los títeres, por las flores de nuevo. Qué poca gente, y aunque lo sé no deja de sorprenderme. Me regalo los colores, antes de dejar el espacio para ir a un bar pequeño, al lado. Un bar de viejos, de cañas y tapas caseras, sin música, con ese olor a bar de antes, de siempre, sin modernidades, con el sonido de la gente que habla, que tapea, como siempre, entre gente. Huele a bar, a siempre. Me gusta estar ahí, quedarme, escuchar y mirar, sentir, vivir la gente, sus espacios, sus ademanes, su pasear entre las cosas, como lo auténtico, como siempre. La vida es así, diferente, placentera, oferente. El resto… El resto es vulgaridad, lo de siempre, el vacío, como la mayoría de la gente que pasea por ella, indiferente.

Y mientras vuelvo suena la música, Magnificent, y la voz de Bono. Me emociona. Es de esas voces que te llegan dentro, que produce escalofríos. Me vienen las imágenes del video de la canción. Marrakech. Tan vista. Tan interiorizada. No sé por qué, a veces, determinados pensamientos, determinadas imágenes aparecen con más fuerza. Es distinto ver lo mismo con alguien que no ve que con quien ve como tú, con la capacidad de admirar, de sentir, de emocionarse ante las cosas, ante los hechos, ante las personas, ante los colores y olores. Lo sientes más, con más fuerza. Lo interiorizas más. Lo compartes, y ello te hace más feliz. El problema está en que no hay quien sea capaz de ver así, de ser así, y por tanto no queda sino seguir, conformarse con ser tú mismo y seguir, mientras los demás se conforman con ver eso que dicen que ven, la nada, y sobrevivir viviendo lo que dicen que es vivir, el vacío. Y ahí estamos, caminando entre flores, raras a veces; en tanto el resto, los más, se contentan con mirar el gris de los adoquines, y sobrevivir. Qué vida.

El problema es que la mayoría sólo hace un análisis somero de la realidad. El olvido y la ignorancia son la estrategia más habitual para la mayoría de los que creen que tienen una vida. La distracción en lo tonto, como huida, y el mantenimiento de su estatus, es su dogma. No cambiar para que nada cambie. Decía Ortega que “yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo me pierdo con ellas”. El mundo termina siendo lo que cada uno piensa, siente o percibe, y como no se piensa, se siente ni se percibe, acaba no habiendo nada, se termina no modificando las circunstancias, se sigue en la nada. Piensan que no hay más realidad que su propia experiencia de la misma. Y se dicen: ¿Por qué sufrir una vida miserable si puedo inventar otra? Sin darse cuenta de la inutilidad de esas vidas inventadas.

Para terminar, como decía Wilde, la Belleza está en el Arte, pero ¿quién saber mirarlo, detenerse y apreciarlo, vivirlo? Y no me refiero a las composiciones artísticas, que también, sino al Arte con mayúsculas, a la Vida, con mayúsculas también. El Arte es un gesto surgido de la emoción. Y las emociones moran en el alma. ¿Dónde hay un alma? Miro y busco, pero nada.


29/11/09

Los días de la vida. La matriz.

No sé si lo pensé, lo leí, lo soñé o me fue dado, pero no cabe duda de que el hombre, para encontrarse, para realizarse necesita, necesariamente, del dolor, de la caída. La destrucción es una lección vital. Es necesario ese tiempo, entrar en él, en ese mundo incierto, en busca del pasado, tal vez añorado, y ante la duda del futuro, en el camino que muestra el verdadero sentido de la vida. Es una puerta que hay que abrir.

Hay que pensar en la vida y en la muerte, la ausencia y la presencia, el éxito y el fracaso; y para ello hay que valerse de todo. Porque la vida es como el mar, siempre en movimiento… Y hay que volver al lugar, porque siempre lo hay, porque siempre hay un lugar en y para cada persona. Y ahí hay que volver de vez en cuando y contemplar, desde la tristeza de la pérdida, a veces, y otras desde la satisfacción y esperanza de lo aprendido y de lo tenido, porque todo es recuperable y mejorable desde esos presupuestos.

Tenemos que buscar la identidad, a través de los sentimientos, sobre lo que has sido y sobre lo que la vida te ha llevado a ser, a tener o perder, a ser. Hay que ser un náufrago, sin temor, al interior de uno mismo.

Lo contrario es un ser que no quiere complicaciones en su vida, que sólo quiere la uniformidad, un embrión alimentado por el vacío, por la nada, por el sistema, por la mediocridad uniforme de la masa que engulle y que mata toda creatividad, toda naturalidad, toda verdad, cualquier atisbo de felicidad, de la verdadera felicidad, no de la aparente.

No hay nada más que pasear por cualquiera de los escenarios de la vida actual, cualquiera de ellos, oficinas, parques, centros comerciales, universidad… Todos son escenarios desolados y desoladores. Llenos pero vacíos. Desolados pero al mismo tiempo cómodos, como invernaderos. Espacios vitales llenos pero desiertos, donde parejas sin amor recorren los absurdos días de sus vidas, donde grupos de personas andan en busca de nada, solos pero rodeados, en busca de nada que les aparte de su miseria vital, de su apatía existencial. Todo es soledad y fracaso, nostalgia y decepción, deseo y frustración. Todos viviendo en una vida que no es vida y donde es absolutamente imposible escapar de la rutina diaria de su atonía, donde es imposible desarrollar lo que se lleva dentro (los que lo llevan). El hastío de una vida que se repite en la constancia de la nada, de las mismas cuencas vacías que te miran pero no te ven, en las noches de los fines de semana, en las palabras huecas de unas bocas abiertas que son incapaces de decir algo, en unas almas muertas que se auto complacen en su agonía, de unas risas que provienen de la nada y que no van a ninguna parte; el hastío de un domingo frente al ordenador, en un bar con un grupo para decir lo de siempre, sobre lo de siempre; el hartazgo de uno mismo y de los otros, que son el infierno, el vacío…

Todo está lleno de personas que van y vienen, sin nombre, sin mirarse a los ojos, incapaces, también, de mirarse dentro. Personas soñando con imposibles, con tonterías, metiéndose en los laberintos de los sueños frustrados, de los que no saben salir, porque, en realidad, no quieren salir, por esa auto complacencia.

Y ahí no. Eso no. Es mirar la vida como si fuera una tumba vacía, aunque blanqueada, lisa, aparentemente perfecta. Este es un mundo tan bello como inhóspito, apasionante y peligroso, donde nadie es lo que parece, donde la mayoría vive en esa uniformidad vacía, donde nadie da nada, donde todo es vacío, donde todo es nada; y sin embargo donde algunos, los menos, navegan en él, viviéndolo, sintiéndolo, bebiéndolo, buscando dentro de uno mismo y fuera, degustando la belleza que hay en él, intentando saber y saberse.

Es Matrix, es el problema de la libertad. El 99% elegirá siempre vivir en la apariencia, en la mentira, conectados a una cubeta. Mientras que unos pocos eligen la realidad, la verdad, la vida, la belleza auténtica; aunque es duro y el camino puede ser laborioso y a veces penoso, como dice Descartes, y “cierta dejadez me arrastra insensiblemente al curso de mi vida ordinaria; y como un esclavo que sueña que está gozando de una libertad imaginaria, al empezar a sospechar que su libertad es un sueño, teme el despertar y conspira con esas gratas ilusiones para seguir siendo más tiempo engañado”. Pero elijo, elijo luchar, este lado, vivir la vida de verdad, la belleza auténtica, sentir, vivir, amar, y no lo otro. Lo otro es vegetar en una cubeta, enchufado a un cable.

Y mientras escribo esto, sentado en un banco del parque, al sol, no puedo sino estremecerme ante el encanto de un gorrión bañándose en un charco. Y es que estar enfermo te permite pasear en horas distintas a lo habitual, sin apenas nadie; pasear las salas de una exposición y descansar en los detalles, sin las prisas de la gente que agobia y desordena el momento. Un viejo se queda a mi lado mirando un cuadro. No se puede vivir sin un gallato, ¿verdad? Le miro y le sonrío. A veces, le contesto, y depende del gallato. Sí, claro, me contesta. Te pareces a Jesuscristo, me dice mientras me mira con fijeza, sonriendo. ¿Te lo han dicho? Sí. ¿Puedo presentarte a mi hija? Seguirá extasiada en los dibujos tempranos. Me sorprende. Claro, será un placer. Qué pocas personas quedan. Casi todo es gente. Veo una madre como hila la mirada con un niño que me mira y me sonríe, porque es ingenuo, porque aún no es un cobarde.

Dejar que el sol te arrulle la piel, en estos suaves días de otoño; degustar el día, acariciar la calma. No hay nadie, apenas nadie, y los que podrían no están. Ya todo es tarde. Se pierde la vida en la vida de nadie, en la vida de nada, siendo apenas nada, siendo apenas nadie. Gota a gota. Día a día, dejando la vida pasar, esperando lo que está ahí, sin verlo unos, sin quererlo mirar otros, auto convenciéndose ambos. Yo camino para conocer mi propio mapa, y saber eso es tremendamente liberador.

17/7/09

Último discurso apócrifo de Prisciliano

Quiero desatar y quiero ser desatado.

Quiero salvar y quiero ser salvado.

Quiero ser engendrado.

Quiero cantar: cantad todos.

Quiero llorar: golpear vuestros pechos.

Quiero adornar y quiero ser adornado.

Soy lámpara para ti, que me ves.

Soy puerta para ti, que llamas a ella.

Tú ves lo que hago. No lo menciones.

La palabra engañó a todos, pero yo no fui

completamente engañado.

¿Y os llamáis a vosotros mismos seguidores del Cristo? Vosotros, seres pagados de sí, ocupados en comer bien y en beber mejor.

Dediqué buena parte del tiempo que ha durado el viaje desde mi querida Galaecia a ver a los hijos de Dios y hablar con ellos. Y sentí su sed de amor, su hambre de llegar a Dios. Pero también sentí el dolor que le inflingís y sentí el peso de los diezmos con los que los esquilmáis para llenar de monedas vuestros arcones y vivir ociosamente en la molicie. También sentí el miedo que les producen los sermones con que les obsequiáis para evitar el pensamiento, la duda y la verdad.

Y aun así, y a pesar de todo, sentí la esperanza en sus ojos, el ansia de Dios.

Yo os recuerdo las palabras del Cristo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: "Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!" Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!”

Cuán lejano queda vuestro lecho del jergón, cuando lo tienen, que ocupan los campesinos obligados a trabajar de sol a sol por un mísero sustento que a veces no les llega ni para la supervivencia de sus hijos y que vosotros, pastores del rebaño de Dios, justificáis falseando la Palabra de Aquel a quien decís servir.

Cuán lejana queda vuestra morada, llena de servidumbre, con ricos muebles y ricas telas bordadas, de las humildes cabañas donde se hacinan aquellos a quien obligáis a procrear como conejos para ayudar en el sustento.

Yo os pregunto a vosotros, doctos de la Ley, pastores de la grey cristiana, seguidores de los apóstoles, interpretes de la Palabra, ¿por qué dedicáis vuestro tiempo a discursos estériles sobre banalidades, cuando esa grey que decís guiar por mandato de Dios se muere de hambre y de sed, cuando viven de la forma más infame, comidos por las pulgas, los chinches y los piojos, llenos de pústulas y enfermedades, muriendo en los caminos como perros, que ni entierro tienen, cuando no esperan nada en su interior porque está vacío desde su nacimiento y desde éste condenados a una muerte en vida, en un envilecimiento del alma que Dios les dio, y que vosotros, intérpretes de la ley, la pervertís por miedo a que sepan la verdad y os echen del solar que ocupáis?

Cuando llegué a Tréveris, no para oírme sino para ser juzgado y sentenciado, lo sé, entré en una iglesia para agradecer a Dios el haberme permitido llegar aquí sano y salvo, y sólo encuentro pastores orondos y perdidas ovejas famélicas.

Necios. Cuán necios sois. Vivís sumidos en la ceguera más abisal, ahogados en la más profunda necedad. No veis sino por los ojos de los sentidos, que ni tan siquiera sabéis usar, perdidos por la gula, la avaricia, la envidia y la lujuria. No oís sino por los oídos de la adulación, abandonados a la molicie de las palabras vanas. No sentís sino por el tacto de la carne, hundidos en el cenagal putrefacto de lo perecedero.

Y me acusáis a mí de herejía. Vosotros, la encarnación perfecta del mal sobre la tierra. Vosotros, que lleváis el sello del maligno impreso en el rostro, impuesto a fuego. Vuestra sonrisa de autosuficiencia y de autocomplacencia no es sino un signo de lo que digo. Vosotros, que me habéis traído con falsedad para un juicio ya decidido, no sois sino el perro rastrero que obedece el eructo abominable de vuestro amo. Vosotros, la hez de la tierra, que os complacéis en la blandura más absoluta, limitando vuestro entendimiento a los mandatos del poder político, me acusáis a mí de seguir filosofías desviadas de la verdad. Vosotros, que os plegáis a la más leve brisa para evitar el movimiento, me acusáis a mí de seguir los vientos de la herejía. Vosotros, que vivís en el pecado de la carne, regodeándoos en él cual cerdos hozando en la inmundicia, sin importaros el vivir en la fornicación del alma.

Yo os digo que no hay más verdad que la verdad y que la verdad es una e indivisible. Que la verdad duele. Que la verdad mata. Pero también os digo que la verdad libera. Que no hay más cárcel que vivir en la oscuridad. Que no hay nada más opresivo que la mentira. Y vosotros sabéis, tan bien como yo, cuál es el camino. Vosotros sabéis, tan bien como yo, cuál es la verdad.

Y aquí me tenéis porque no tengo miedo. Aquí estoy, solo, sin más armas que mi palabra, con el alma limpia de malicia, con la verdad en la mano. Y aunque sé cuál es mi final y aunque he sido advertido de lo que me aguarda, he venido desnudo de prejuicios para hurgar en lo más profundo de vuestro interior y liberar vuestra alma amortajada por tantas y tantas miserias.

Y apelo al emperador Máximo, aunque sé, porque ya nada espero, porque poco o nada puedo esperar de alguien aturdido por tanta palabra vana, por esa verborrea fluida con la que habéis llenado sus oídos y vaciado su mente y su alma, que no servirá de nada.

Y yo me pregunto y os pregunto: ¿Por qué tratáis de constreñir, de encerrar y de ocultar aquello que no tiene límite, medida ni conclusión?

Todo ha sido. Es tiempo de morir. Acabad ya. Estoy preparado.

18/1/09

Tao

Esto dice el Tao. Verdades. Exactitudes. Pero somos incapaces de llevarlas a cabo, de tenerlas en cuenta. Todo nos iría mejor si las pusiésemos en práctica o, al menos, si lo intentásemos. Es difícil, complicado, pero es importante.
Alcanza la suprema vacuidad y permanece en quietud. Ante la agitación hormigueante de los seres no contemples más que su regreso.
Favor y desgracia sorprenden por igual. Ama una gran desgracia como a tu propio cuerpo. El que se bate por amor triunfa.
Producir y hacer crecer, producir sin apariencia, actuar sin esperar nada, guiar sin constreñir, es la virtud suprema.
Practica la no acción, todo permanecerá en orden.
Oscurecer la oscuridad, he aquí la fuente de todas las maravillas. Guardar la dulzura, he aquí el valor. Percibir lo más pequeño, he aquí la clarividencia.
Yo sólo tengo el espíritu confuso, flotando como el mar, soplando como el viento.
El que se doble permanecerá entero, el que se incline se erguirá, el que sufra el desgaste se renovará, el que abarque mucho caerá en la duda.
Hablar bien es hablar sin cometer errores y sin incurrir en reproches.
Conoce la gloria. Adhiérete a la desgracia. Sé el valle del mundo.
El que se vence a sí mismo tiene entereza. El que toma consciencia de su error no comete más errores. El que sabe refrenarse previene las catástrofes.
Pureza y quietud son normas del mundo.

26/12/08

La espiral de la vida


Brilla intenso el sol hoy. Calienta. La playa está vacía. Apenas unas cuantas personas por el paseo marítimo y tres o cuatro más por el borde de la arena, junto al mar. La luz es clara y aspira los humores. El mar calmado. Apenas alguna ola se atreve a romper esa paz. Suena Rekoner. Siempre el placer de escuchar esa canción. El alma se desliza al interior y al exterior. Te une al entorno. Te desplaza. El claro marrón de la arena recién alisada termina en el azul del mar que se estira hacia el horizonte en una gama de azules rota por la línea que marca su unión con el cielo en una oposición de los mismos colores de azul como un triángulo de sólo dos lados que terminara en mí. Y detrás las ocres montañas quebradas, rompiendo el horizonte, oponiéndose a la rectitud del mar. Líneas rectas y onduladas. La vida ahí. Personas que andan solas. Personas que pasean la mirada sin apenas ver. Colores, aromas, sonidos que se pierden en el desinterés. Así somos. Inconstantes. Apáticos. Negados al ver, y al oír tal vez. Siempre nos negamos. Unas chicas juegan a balonvolea. Cuerpos bruñidos por el sudor. Una chica me mira. La miro, pero mi mirada la traspasa y se pierde más allá. En la línea del mar, en los brillos que el sol hace en el mar. Amarillos, casi cristal. Parece impresionismo pero es puro azar. El de la naturaleza. Belleza que nadie explora porque no sabe mirar. Nos la negamos en busca de algo que no está, que es pura nimiedad. Suena Rekoner. Placer. Me mezo ahí. Una mujer está sentada de lado en un banco. Es de mediana edad. El móvil en la mano. Espera. En su cara la tristeza. Tristeza y ansiedad. Quiere hablar, pero… ¿quién habla? No se habla ya. De ahí los errores. Perdimos la capacidad de hablar, de dialogar, desde el interior. Nos perdemos en la superficie y no escuchamos lo esencial. De ahí los fracasos. Nos abandonamos en nuestras ideas y no las constatamos, no las dialogamos. De ahí los malentendidos. Nos cegamos. Por eso no avanzamos. La ausencia de palabras sólo provoca hechos que parecen darnos la razón. Y la espiral crece sin parar y sin vuelta atrás. Perdemos el sentido de lo sublime, de la palabra, de escuchar. Pero cerramos los oídos para quedarnos con ideas preconcebidas, con juicios que no sabemos controlar. Y crece la espiral. Y cuando queremos intentarlo quizás es tarde ya. Callar es tan difícil. Callar para escuchar. Inconstancias aun sabiendo dónde está la realidad y la verdad. Pero nos la negamos. Y crece la espiral. Necios. No sabemos dónde está la realidad. Nos la negamos con una inconsciencia digna del más absoluto patán. Mirar, saber mirar. Oír, saber escuchar. Vivir, saber amar. Pensar bien, hablar bien y actuar bien decía Zaratustra. Olvidado maestro, olvidadas palabras. Por ello la demencia predica siempre el castigo y el olvido y que todo es digno de perecer. Y el que castiga al otro se castiga a sí mismo en una vana buena conciencia. Y todo ello se traduce en el sufrimiento de no poder querer hacia atrás. Maldita espiral. Cerco en el que nos encontramos sin saber salir. Suena Rekoner. La belleza inunda el alma. Aprender a mirar. Aprender a escuchar. Aprender a estar. Saber vivir. Sólo esa es la verdad. Pero nos la negamos. Hay que saber cerrar la espiral y volver al origen y empezar. Pero hay que saber hacerlo desde el saber mirar, vivir y escuchar. Cerrar el círculo y empezar con lo que se quiso desde un buen principio, con un brillante final. Recorrer el camino hacia atrás y saber dónde está la auténtica felicidad.

6/8/08

Sobre el humor. O no. Nihilismo. Escepticismo.

¡¿Alguien debería leer un poco más a Emil Cioran?! El más importante filósofo nihilista de nuestra época. Maestro del escepticismo.
Jamás he trabajado, he preferido ser un parásito a ejercer un oficio. He accedido a sufrir una relativa miseria con tal de preservar mi libertad”, decía. Encadenó becas en la Sorbona hasta los 40 años, para que le permitieran comer gratis en el comedor universitario; leyó, escribió y malvivió en hostels juveniles hasta conseguir una buhardilla junto al Odeón, con un alquiler irrisorio; se mantuvo pobre y solitario, rechazó todos los honores que le fueron concedidos, y desdeñó su propia gloria. “Hemos perdido naciendo tanto como perdemos muriendo. Todo.”, decía, y decía también: “Somos y seremos esclavos mientras no estemos curados de la manía de esperar”. Y cosas como: “Quien no ha muerto joven merece morir”; o: “Concebir un pensamiento, un solo y único pensamiento, pero que hiciese pedazos el universo”. Pero también: “Solo es subversivo el espíritu que pone en tela de juicio la obligación de existir; todos los otros, empezando por el anarquista, pactan con el orden establecido”. Y: “La muerte es lo sublime al alcance de cualquiera”.
Algunas obras:
En las cimas de la desesperación
Breviario de podredumbre
El aciago demiurgo
La tentación de existir
El ocaso del pensamiento

Y en estos tiempos tan dañinos para el alma, un descubrimiento que debería haber hecho hace tiempo pero que por razones que van más por lo etéreo que por lo terrenal, más por lo esotérico que por lo exotérico, más por lo despreciable que por su opuesto: Calixto Bieito, el gran Satán del teatro europeo, y es que ahora me ha dado por ir al teatro (¡Qué cosas! Yo, su gran azote), y de ahí… Y dice, Calixto Bieito, y con esto basta sobre el tema, frases como que los nihilistas, a los que se une, de los que se siente, “hemos evolucionado tecnológicamente, pero emocionalmente, poco. No soy un nihilista amargado, a ver. Vamos hacia la nada, pero sin amargura. Yo lo que puedo ser es triste. Tengo melancolía de vaca gallega”.