22/1/12

Escepticismo

La creación de Adán. Capilla Sixtina. Miguel Ángel Buonarotti


Llevo una racha con cosas así, de reflexionar sobre cosas, sobre la vida en directo, la palpable, y sus tristezas y sus estupideces. Ayer, mientras andábamos en esa multitudinaria manifestación en Alicante, de 40.000 personas, contra los recortes en Sanidad y Educación, de esta Administración Valenciana que ha dejada las arcas secas y la Comunidad en bancarrata, hablaba con unos amigos sobre la Ciencia, la pseudociencia y la estupidez humana. Y hoy he desayunado con este artículo, un poco largo, es cierto, pero clarividente y certero. Yo, es evidente, no podría exponerlo mejor, pero me sumo a lo que dice con la humildad y el respeto de un lego.

A continuación lo transcribo íntegro:


La fe del escèptico mueve montañas.

Si hubiese un método infalible y barato para hacer crecer el pelo, no habría calvos; si la baba de caracol eliminase milagrosamente las arrugas, la piel de todo el mundo estaría tersa como la de un bebé; si alguien pudiese adivinar el futuro, parece poco probable que desperdiciase su don en la madrugada de una televisión local; si cada avance tecnológico provocase cáncer, sería raro que la esperanza y la calidad de vida del ser humano no pare de crecer; si una civilización extraterrestre hubiese desarrollado la tremenda tecnología para llegar a la Tierra, quizás no se mostraría en exclusiva al tonto del pueblo.
La falta de información, las intuiciones erróneas, los intereses económicos, la superstición, el “a mí me funciona” o la propia condición humana provocan que millones de personas tengan fe ciega en fenómenos que no están probados científicamente. O, más allá, que van contra los fundamentos de la física y la química. Para combatir esto, en busca de un pensamiento crítico y racional, gana espacio el movimiento escéptico.
A muchos de sus integrantes no les acaba de convencer la etiqueta “movimiento”. Se dicen simplemente personas heterogéneas preocupadas por el triunfo de la sinrazón en muchos ámbitos de la vida. Y que dudan. Dudan cuando algo se les presenta sin datos que lo respalde, sin comprobación, sin rigor. En las últimas semanas, la presión de muchas de ellas ha logrado parar el avance de cursillos pseudocientíficos que se habían colado en varias universidades españolas. Gracias a la recogida de firmas en la Red consiguieron frenar uno en la de Girona que, con el título Salud y harmonía del hábitat, trataba temas como la radiestesia, que es la supuesta y mágica capacidad de los zahoríes para localizar agua. Ante la protesta de los internautas, el decano de la de Granada decidió anular los ocho créditos que se concedían por la asistencia al curso Constelaciones familiares, una teoría que asegura que “todos los miembros de la familia, incluyendo aquellos ausentes por muerte y separación, están energéticamente presentes en la estructura familiar y afectan a los otros”.

Estos y muchos más nutren el blog La lista de la vergüenza, de Fernando Frías, vicepresidente del Círculo Escéptico. En su página pretende sacar los colores a “colegios profesionales, universidades y organismos públicos que promueven la pseudociencia”. Basta un vistazo para comprobar que son muchos más los que prosperan que los anulados.
El éxito de la recogida de firmas no ha sido más que “un espejismo”, en opinión de Luis Alfonso Gámez, periodista científico del diario El Correo y autor de Magonia, uno de los blogs escépticos más veteranos en español. “Cualquiera puede reunir unas miles de firmas para casi cualquier causa. Está bien que hayan anulado esos cursos, pero no tiremos fuegos artificiales”, reflexiona.
Una de sus premisas para divulgar el conocimiento frente a la superstición es no ofender a quienes profesan determinadas creencias o a los que, simplemente, han sido engañados. “No se le puede decir a nadie: ‘Tú eres imbécil porque piensas que los espíritus se conectan contigo’. A todos nos engañan. No eres más tonto que la media, pero si no sabes de esto, vamos a hablar”, explica.

Cree que uno de los grandes errores del escepticismo en España es que no ha sabido comunicar, atraer con la misma intensidad que lo hacen los profetas del misterio. Él trata de aprovechar las oportunidades para ser didáctico: “Si sale uno diciendo que ha encontrado el arca de Noé, construye un discurso para contar por qué esto no puede ser cierto, cómo se escribió la Biblia, las leyendas de la época, y concluye que buscar el arca es como buscar la cesta de Caperucita. Pero no le digas a la gente que es tonta porque hay cosas que nos las vienen enseñando desde pequeños”.
Gámez ha sido el presentador del programa Escépticos, que durante los últimos meses se ha emitido en la ETB, la televisión pública del País Vasco. Aunque las audiencias en televisión han sido discretas, las sucesivas entregas se convirtieron rápidamente en lo más visto de la página web del canal autonómico. Su creador y director, José A. Pérez, quería abordar un programa de divulgación científica desde un punto de vista diferente de los que había en España. En cada uno de los 12 capítulos han escogido un tema, desde los alimentos transgénicos a la llegada del hombre a la Luna, pasando por la religión o la homeopatía. “Pensé que era una fórmula que podía funcionar en televisión. Le damos a la ciencia un antagonista: el creyente, el estafador. Era fácil hacer un programa en el que se reflejasen, entre muchas comillas, un bueno y un malo, siempre con la visión científica como predominante”, relata.
Uno de los problemas que Pérez encuentra en España es que los científicos son, según dice, “reacios a la divulgación, casi está mal vista”. Los más conocidos son otros, como Eduard Punset, el economista que dirige Redes, Ana Montserrat, directora de Tres14 en La 2, o los propios responsables de Escépticos, que tampoco son investigadores, sino un guionista y un periodista. Ambos han conseguido que Televisión Española se interese por el formato y que esté prácticamente cerrado un acuerdo para emitirlo en su segundo canal el año que viene. “Esto es realmente extraño. En el mundo anglosajón, quienes se encargan de esa labor son científicos”, dice. Pone el ejemplo de Richard Dawkins, biólogo que hace en la BBC el programa Enemies of Reason. Pérez reconoce que Escépticos es “una copia en barato” de este espacio.

El coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, Juan Ignacio Pérez Iglesias, matiza que no se llega hasta el punto de que la divulgación esté mal vista, pero reconoce que “lo prioritario es la investigación”. “Es nuestra primera vocación y es la manera de progresar académicamente. Algunos desempeñamos la divulgación como un añadido”. Los investigadores basan su prestigio y su carrera, sobre todo, en las publicaciones en medios especializados. La Ley de Ciencia aprobada el pasado junio trata de animarlos a que dediquen más esfuerzos a la divulgación. Rosa Capeáns, directora del Departamento de Cultura Científica y de la Innovación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt), asegura que, cuando se desarrolle esta norma, la divulgación tendrá un impacto en la carrera de un investigador. Ahora se están articulando las fórmulas para evaluar esta actividad.
Hacer llegar el conocimiento generado por la ciencia a la sociedad es capital, según Pérez Iglesias, para inmunizar a la ciudadanía respecto a fenómenos paracientíficos. “Aunque no se puede generalizar, también me encuentro a científicos con extrañas creencias”, matiza. Internet puede tener un papel muy importante en esta divulgación y, de hecho, es uno de los focos de crecimiento del movimiento escéptico. Pero si se mide el impacto de la divulgación en comparación con el ocultismo y el misterio, por ejemplo, la batalla está claramente perdida. “La Red es un foco de pensamiento mágico terrible. Programas como Escépticos y blogs como Magonia están dando una batalla con algunos éxitos, como la retirada de cursos paracientíficos en algunas universidades. Generan un caldo de cultivo y con el tiempo cada vez seremos más los que vemos ese tipo de cosas como algo irracional, antiilustrado”, añade Pérez Iglesias.

Pero también hay mucho de convencer a convencidos. Quienes suelen acudir a los blogs escépticos son, muchas veces, personas de la misma cuerda. Es difícil llegar más allá. Por eso, Félix Ares de Blas, presidente de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, prefiere los medios tradicionales. “A veces dicen que somos dictadores. No. Solo queremos que se nos oiga”, explica. Él es uno de los pioneros del movimiento escéptico, cuando este se basaba sobre todo en la lucha contra la creencia de que los ovnis visitaban constantemente el planeta: “Ahora a cualquiera le parece una idiotez, quien quiera que los crea, pero en los ochenta aparecían avistamientos en prensa con frecuencia. Igual que la telepatía”.
Las creencias populares evolucionaron y con ellas el movimiento escéptico. Decayeron las abducciones extraterrestres como en su día lo hicieron las apariciones marianas. Ahora hay una especial preocupación por las cuestiones que pueden afectar a la salud de las personas. “Si quieres ir al homeópata porque te sientes mejor, ve, aunque tenga el mismo efecto que el agua de Lourdes, porque muchas dolencias se curan con simple atención. Pero si te están tratando un cáncer no dejes la quimioterapia o la radioterapia que te ha prescrito el médico”, aconseja Ares de Blas.
Los medios de comunicación serían el vehículo ideal para afianzar la cultura científica. Pero muchas veces se dedican más bien a lo contrario. Y no solo por programas de entretenimiento que se basan en el espiritismo. En noticias puras y duras se cuelan, igual que en las universidades, supercherías con pátina científica que contribuyen a la desinformación.
En el blog Amazings, que reúne gran actividad escéptica en la Red, tienen una sección llamada Alerta magufo. Trata tanto de desenmascarar a charlatanes como de poner en ridículo a medios de comunicación que les dan cancha. Su fundador, Javier Peláez, reconoce que hay “mucha mala leche” en este rincón de su web. “Creemos que es una buena práctica dar un toque de atención a los medios porque mucha gente se cree lo que le llega desde ellos. Un problema muy grande es el de la equidistancia. Si hablas de videncia, no puedes tratar a las dos partes por igual. Es como si alguien dijese que la tierra es plana y lo confrontases con otro que asegura que es redonda”, relata.
Aunque es muy activo en su labor divulgadora en Internet, Peláez cree que es difícil que gente de cierta edad le coja el gusto a la ciencia: “Si te apasiona es porque desde pequeño a lo mejor disfrutabas con Félix Rodríguez de la Fuente o con la serie La vida es así. Ahora no hay nada de eso. La ciencia en España son documentales de leones a la hora de la siesta”. Aunque, por la misma regla de tres, también tiene la solución para cambiar el panorama a largo plazo: “Tendríamos que hacer como las religiones: inculcar las cosas a los niños desde el principio de sus vidas”.


Un comunicador estadounidense sostiene un plátano en un programa de televisión. Lo muestra como prueba de que el hombre fue creado, tal y como es hoy, directamente por Dios. Explica que cada una de las aristas del plátano fueron diseñadas por el todopoderoso para adaptarse a la mano humana y que, tal y como el hombre ideó las latas de refrescos con una pestaña para abrirlas, el creador del universo puso sobre la banana un apéndice para que los humanos pudiésemos pelarla fácilmente. Semejante espectáculo, que echa por tierra todos los estudios sobre la evolución y la antigüedad del universo (defienden que tiene solo unos miles de años), refleja la conciencia de un amplio sector de la población del país más poderoso del mundo, encabezada por algunos de los que se disputan la candidatura a la presidencia del Gobierno en el partido republicano. Los plátanos que comemos hoy, dicho sea de paso, son fruto de la manipulación del hombre.
El creacionismo es uno de los caballos de batalla de los escépticos. Lo suelen poner al mismo nivel de la astrología, los videntes, los médiums, los ovnis, el tarot u otro tipo de misterios similares. Pero por encima de todos ellos, sus preocupaciones principales están por lo general en los aspectos que pueden afectar a la salud y cómo los ciudadanos reciben información errónea. Estos son algunos.
» Terapias alternativas. El problema de estas terapias surge cuando un paciente abandona las que están probadas científicamente. Un caso célebre es el de Steve Jobs, el fundador de Apple, que decidió posponer la quimioterapia para su cáncer de páncreas para centrarse en dietas y tratamientos sin respaldo científico. Puede que hubiese muerto de cualquier forma, pero perdió unos meses valiosísimos para luchar contra su enfermedad.
» Homeopatía. Entre las terapias alternativas, es la que goza de más predicamento. Es frecuente que sea relacionada con la medicina natural, cuando el concepto es algo distinto. Fue inventada en el siglo XVIII, cuando el funcionamiento del cuerpo humano era casi desconocido. Se basa, a grandes rasgos, en que la sustancia que causa un mal, diluida en proporciones infinitesimales en agua, puede curarlo. Se venden soluciones que equivalen a poner una gota de sustancia en el océano y agitarlo. Los análisis muestran que no son más que agua, con glucosa o lactosa. La prestigiosa revista médica The Lancet determinó en 2005, tras revisar un centenar de artículos, que la homeopatía no tiene más eficacia que el placebo. Sin embargo, en España está presente en varias universidades y se estima que la recomiendan unos 10.000 médicos, de los alrededor de 223.000 colegiados.
» Ondas electromagnéticas. La radio, como otros tantos avances, llega por ondas electromagnéticas. No había calado la idea de que esto pudiese afectar al ser humano, pero con la proliferación de tecnologías como el wifi o los teléfonos móviles se está generando un gran negocio que asegura que estas ondas pueden causar enfermedades, cansancio o dolores de cabeza, algo que carece de fundamento científico con los conocimientos actuales. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud incluyó a los teléfonos móviles como una posible causa de cáncer, en una escala que los situaba al mismo nivel que el café. Un estudio posterior publicado el pasado octubre en la revista British Medical Journal, el más extenso que se ha hecho hasta el momento, con un seguimiento de 350.000 personas durante 18 años, no halló ninguna relación entre tumores y uso de los celulares.
» Movimiento antivacunas. En 1998, un estudio halló una relación entre la vacuna triple vírica y la aparición de autismo en niños. Además de su falta de rigor, obvió un factor crucial: la edad en que se suministra esa vacuna y la de la aparición de los síntomas de este trastorno es la misma. El médico que promovió el estudio, Andrew Wakefield, tiene prohibido el ejercicio de la medicina en Reino Unido por sus prácticas deshonestas. Pero la idea caló. Hasta el punto de que hay movimientos de padres que se niegan a aplicar esta vacuna a sus hijos. En tres años, los casos de sarampión se han cuadruplicado en Europa, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades.


20/1/12

Borregos; borregos eternamente apaleados.

Albert Charpin. Pastora con ovejas



En el siglo XVII pasaban estas cosas en el gobierno de Francia, y como es lógico en cualquier otro gobierno. Cuatrocientos años después todo sigue igual, nada cambia. Siguen haciendo lo mismo y seguimos comportándonos igual. Doscientos años de lucha obrera no han servido de nada; todos los esfuerzos de esos luchadores, todas sus vidas dadas y entregadas, todas las ilusiones, todas sus conquistas nos las quitan una a una y callamos como borregos. Somos lo que decía Mazarino a su misnistro de Hacienda. Así nos va y así nos irá. Quizá sea eso lo que nos merezcamos, por borregos, si seguimos callando y aguantando.


Para los que piensan que debemos "jodernos", que no debemos quejarnos, que debemos aguantarnos, y para los que piensan que debemos hacer lo contrario y debemos decir y hacer algo, entre los que me encuentro, ahí va esto:



Colbert: Para conseguir dinero, hay un momento en que engañar al contribuyente ya no es posible. Me gustaría, Señor Superintendente, que me explicara cómo es posible continuar gastando cuando ya se está endeudado hasta el cuello...
Mazarino: Si se es un simple mortal, claro está, cuando se está cubierto de deudas, se va a parar a la prisión. ¡Pero el Estado...! ¡Cuando se habla del Estado, eso ya es distinto! No se puede mandar al Estado a prisión. Por lo tanto, el Estado puede continuar endeudándose. ¡Todos los Estados lo hacen!
Colbert: ¿Ah sí? ¿Usted piensa eso? Con todo, precisamos dinero, ¿y cómo hemos de obtenerlo si ya creamos todos los impuestos imaginables?
Mazarino: Creamos otros.
Colbert: Pero ya no podemos lanzar más impuestos sobre los pobres.
Mazarino: Es cierto, eso ya no es posible.
Colbert: Entonces, ¿sobre los ricos'
Mazarino: Sobre los ricos tampoco. Ellos no gastarían más y un rico que no gasta, no deja vivir a centenares de pobres. Un rico que gasta, sí.
Colbert: Entonces, ¿cómo hemos de hacer?
Mazarino: Colbert, ¡tú piensas como un queso de Gruyere o como un orinal enfermo! Hay una cantidad enorme de gente entre los ricos y los pobres. Son todos aquellos que trabajan soñando en llegar algún día con enriquecerse y temiendo a los pobres. Es a esos a los que debemos gravar con más impuestos..., cada vez más..., ¡siempre más! A esos, ¡cuánto más les quitemos, más trabajarán para compensar lo que les quitemos! ¡Son una reserva inagotable!




Toda una lección para inútiles, para estúpidos. Toda una lección de la Historia, esa ciencia que no sirve para nada, que no enseña nada.

10/1/12

Wang

Pierre-Paul Prou´dhon. Un Céfiro joven

Trato de dar explicaciones del viento, también al viento, y a mí mismo tal vez, no sé. Pero no hay un entiendo, y no deja de soplar y es gélido y envuelve abrazándote y te deja helado, y no quiero, y no puedo, y me lo niego.
No soy un iconoclasta, pero si un libertario. Yo no negocio, y no comercio en este mundo absurdo y que amo tanto sin embargo, donde todo es agua, comercio, canje. Yo soy otro.

3/1/12

Cuando éramos reyes

Guillermo Pérez Villalta. Diana y Acteón


Comenzó a contar sus pasos de nuevo, despacio. Al llegar a quince se quedó parado. No sabía seguir. Volvió hacia atrás. Comenzó de nuevo. Uno, dos... En el quince se repitió el hecho. Estaba en blanco. No recordaba cuántas veces le había pasado eso ya, de forma consecutiva.
Llevaba así desde que era pequeño, desde que recordaba. No sabía cuánto ya de aquello. Una eternidad sin duda. Sí, una eternidad. Tres mil millones de años tal vez. Una locura. Y solo, siempre solo en aquel diminuto espacio donde había sido desterrado por no recordaba, tampoco, qué, ni por cuánto tiempo.
Volvió sobre sus pasos y comenzó otra vez. Uno, dos...

14/12/11

Detalles

El beso. Toulousse Lautrec

Hay detalles que acercan, como la fragilidad de la aurora, hasta convertir los instantes, el tiempo, en piel.
Y hay detalles, también, que alejan con una constancia desgarradora, como un deceso anunciado, como el adiós a un ciego en el andén de una estación de tren, vacía, con la mano levantada, mirándote sin ver.

11/12/11

Donde la noche rompe en colores

Sobrevivientes. Roberto Fabelo



Va de un lado a otro sin sentido alguno, parece, en su deambular. No para de mover las antenas hacia todas las direcciones, como si buscase algo al tacto, como si de los bastones de un ciego se tratase. Perece un ciego borracho andando por una pista de hielo. A veces me mira, o eso creo. Parece que me conociera. Me enfrenta su figura, aquieta las antenas y las dirige hacia mí, y me mira, parece, para instantes después volver a su desquiciante carrera por la mesa, en busca de algo que no sé, y no sé si ella tampoco. Tal vez una salida.
Una vez tuve una en la mano. Pero no es aquella, espero, ni su descendencia. O sí. No sé. No entiendo mucho de blatodeos. Aunque nunca se sabe. Estaba quieta, aquella de hace tiempo, sobre la palma de mi mano. Me miraba, inquieta supongo, aunque no lo demostrase con movimiento al guno, salvo el de sus antenas, palpando el aire a su alrededor, como si otros dos ojos tuviese que mirasen más de cerca. Me resultaba extraño que no huyera un animal tan tímido, tan huidizo. Esa timidez que les ha hecho alejarse de nuestra especie, aunque sólo en apariencia, escondiéndose en los sitios más repulsivos y oscuros, las cloacas, en los desagües. Tan lejos y tan cerca, tan dentro. Son seres de lo repugnante. La timidez les lleva ahí, y sin embargo para estar cerca, creo, con nosotros.
La cogí descuidada -extraño en ellas-, como a esta. O quizás no tanto. Tal vez una plan urdido por ambas. Tal vez tratan de decirme, de decirnos algo, pero no sé qué es.
¿Y si ese deambular extraño no fuese una búsqueda sino un lenguaje basado en líneas, en dibujos trazados sobre la superficie y que sólo un fino olfato ligado a un cerebro adecuado, fuesen capaz de fijarlo y establecer la urdimbre, el todo dibujado? Tal vez un simbolismo muy avanzado, tal vez un universo o parte de él, explicado.
¿Y si con el movimiento de las antenas me dijese algo que no acierto a entender? ¿Y si fuesen palabras no pronunciadas, o sí, que el aire transporte pero que mi mente, absurda, no consigue traducir?
Me duele la cabeza.
He tratado de descifrar el mensaje, si es que lo hay, pero no lo encuentro.


Cada vez me repugna más. Me molesta ese desenfreno, ese desquiciante viaje a ninguna parte y sin sentido alguno. Ya no me entretiene. Y lo peor no es el aburrimiento, sino el hastío que me produce no entender ese siempre lo mismo, ese vacío de nada o de algo, si es que lo hay.


El sonido es crujiente.
En mi cabeza hay dos sensaciones (al margen del dolor producido, sin duda, por ella), asco y crujido. Es extraño.
Es frustrante tratar de entender a alguien y no conseguirlo.
Aún sigue moviendo las antenas, aunque más lentamente. Parece como si tratase, de nuevo, de decirme algo. Tal vez implorando clemencia, tal vez que acabe con el sufrimiento. No lo sé. Con la otra ocurrió igual.
Cuando me agacho hacia ella y acerco mis ojos a los de ella, sólo veo sus antenas y ese su lento, ahora, movimiento.
No la entiendo, como a aquella otra. Y lo peor es que cada vez me duele más la cabeza. Ojalá alguien me lleve a donde la noche rompe en colores.

1/12/11

Haz como yo, mira los pájaros

Joanna Chroback

Si dijese que no lo encuentro, cuando camino... Pero las razones de las abejas se me escapan, y la miel es dulce pero la cera...
Suelo mirar a los pájaros cuando se posan en las baldosas rotas para beber el agua de esos pequeños charcos, casi lagunas para ellos. Andan a saltos, los gorriones. Me gustan. Las palomas se contonean, sin gracilidad alguna,
Siento la lluvia. Despacio. A veces golpea con más intensidad. Hoy. Los sonidos ásperos elevan palabras sin sentido, hacia nadie, y sin embargo provocan lo innecesario. Aún no sé porqué.
Los árboles se convierten al amarillo, esa religión oficial tan extendida en los otoños cálidos. Suelo mirar con fijeza buscando un cromatismo negado a la mayoría no sé muy bien porqué. Sí, ¿pero qué importancia tiene? El agua no deja ser. El miedo más bien. El miedo al agua. Regueros de agua de lluvia por doquier. Hoy es ayer. Mañana no fue.
Llueve otra vez. Estoy oyendo cantar jazz.

22/11/11

Nada

Y si sólo fuésemos reflejos, tenues luces de la nada moviéndose en un cristal que no es sino la vida misma? ¿ Y si sólo fuésemos la simple ilusión de una falacia creada por nosotros mismos para contentarnos con nada? ¿Y si simplemente fuésemos nada?

16/11/11

Era

Paul Delvaux. Homenaje a Jules Verne


Venía de un lugar donde nunca había nadie. Buscando o buscándose; tropezando con cada una de las personas que se cruzaba, sin comprender que, para llegar o encontrar, no es necesario tropezar siempre.

Tenía esa mirada de las personas que vienen para quedarse, de las que si pasan de largo, a tu lado, te gustaría, al mirar en sus ojos, que se quedasen, aun sólo un instante.

9/11/11

Murmullo

¿Conoces la sensación en la piel cuando acaricias las espigas en los ocres campos de trigo, al amanecer? Así es la vida si sabes vivirla. Esa debería ser la necesidad, pero se mira y de ahí la falta. Y nada es ausencia si quieres, y sin embargo alargada. Siempre te necesitas a ti. La luz no es un problema. ¿O sí? Podría decirte tanto. Podría decir, juégame, sólo si quieres, Al final sólo quedará el murmullo de las palabras. La ingenuidad la mataron hace tiempo y yace en el barro, en el cenagal del campo de batalla en que convertimos nuestros días. Sólo hay calles, ahora. Grises adoquines. Quizá solo te necesites a ti. El problema es que por más que te lo diga, ni aunque gritase, no lo sabrás, no te darás cuenta.
¿Has visto caer una pluma? Tan extremadamente suave, tan sutilmente delicado, y sin embargo, sin una ráfaga de aire no es nada, apenas nada, una pluma apenas sobre una calle gris, adoquinada y desierta. Tan solo un detalle, un murmullo apagado, un punto y aparte. Nada.

25/10/11

Caos

Quizá necesitásemos una concepción más imaginativa de la realidad, percibida o no, tal vez incoherente, fuera de toda lógica. Quizá si imaginásemos el caos y lo hiciésemos como algo hermoso, inmenso y creativo, podríamos tener una oportunidad, pero me temo lo peor. Creo que faltan procesos imaginativos, y pasión y dulzura. Sobra comercio. Necesitamos, sin duda, esa concepción imaginativa de la realidad, y la necesitamos ya, porque somos incapaces de oler. La mística ha muerto y la lírica está a punto de desaparecer. A veces oígo música, un contrabajo lejano y un violín y una extraña paz me inunda. Es un Requiem. Tal vez sea necesaria, también, la muerte del Hombre, y volver al caos primigenio. Tal vez.

19/10/11

Todo es agua

Todo es agua. No hay certezas donde asirnos. Después de tanta lucha nos preguntamos, ¿y ahora qué? Miramos un poco más allá de nosotros y todo es ilusorio. Hasta el amor se ha convertido en algo líquido. Huimos ante el menor compromiso; ante la más mínima dificultad como ratas abandonamos el barco; huimos de la responsabilidad, de cualquier vínculo afectivo. Y lo peor, lo peor es que no encontramos asidero donde agarrarnos en un mundo cada día más cambiante e imprevisible. Hemos convertido todo en comercio. Los sentimientos también, las relaciones, todo. Vivimos en el miedo, anclados en el miedo, rodeados de miedo. Tenemos miedo al miedo. Agua. Todo es agua.

25/9/11

Soñar tus ojos




Buscaré el aire a tu lado y sonreiré dibujos cuando lo encuentre, que te daré, tan solo, por haber mirado. Escucharé tus manos como las mueves, y seguiré tus pasos. Es un descanso soñar tus ojos, oír tu pelo, sentir tu tacto, olerte lento, ser contigo cuando caminas...
La lluvia regala espacios de seda azul, como a intervalos. Gotas de agua que se deslizan, ríos de apagadas lágrimas, tan solo pasos.
Quizás...
Y no sé y no acierto y pienso que...
Y a veces siento. Y quiero decirte eso que siento, pero no sé hacerlo. Yo soy pequeño, soy sólo un niño que ríe y llora, un hombre solo y sólo un hombre con sólo un alma, que ríe y llora y a veces canta. Sólo conozco el sonido de las palabras entre la lluvia cuando me moja, cómo me acogen.
Dame la mano y dime si esas lágrimas riegan tus ojos. Mira en mi alma.
Es un descanso soñar tus ojos. Te he visto dentro, créeme, y es ahí donde quiero soñar despierto. Quizá sea mucho, quizás no tanto. Soy solo un niño, tú ya lo sabes.

19/9/11

Derroteros lúdicos

Aeropuerto. Sebastián Garretón





Sólo hacen falta cincuentas días para vender el alma. ¿Tenemos? Mejor no preguntar. Treinta monedas de oro a cambio. Final. Sol, Luna, estrellas, montañas, mares. ¿Quién somos? Nadie. ¿Qué somos? Nada. Espectros. Animales. Farsa. Mentira. ¿Sentimientos? Recursos. La India. Australia. Miradas. Oscuridad. ¿Dónde? No hay lugar. Vacío. Vivo. Miento. No miento. Me lo creo. Utilizo. Las personas son juguetes. Necesidades. Uso. Tiro. ¿Reciclo? ¿Dejarse llevar o dejarse ir? Sombras. Imágenes distorsionadas. ¿Inteligencia o astucia? Respiro. Vivo. Me ahogo. Soy. ¿Qué? Almas vacías, secas, mustias. Corazones podridos. Negación de la realidad. Listen to mi now. Lo real y su opuesto. Soledad. Miedo. Incapacidad. Conciencia. En la cuneta. Caminar a trompicones. Avanzar y retroceder aún más. Mejor mentirnos. Miedo a la verdad. Cierro los ojos. Cierro la mente. No quiero ver. No quiero leer. No quiero saber. Tiempo. ¿Sencillez o simpleza? La simpleza: superficialidad camuflada. Inutilidad. Me conformo. La realidad es demasiado fuerte. Incapacidad. Aún más. ¿Arrastrarse o andar? Reptar. Serpientes. Ponzoña. La estabilidad de la medianía. Burdos cayados. Necesidad de alguien. Cualquiera. Lo desechado. Lo inútil. Cincuenta días para vender el alma. Judas vendió al maestro. Final. Ahorcado en un olivo. El beso de Judas. Ese es mi maestro. Muerte. Resurrección. El otro. Suena la música. Verdad. Risas y risas. Las oigo a mis espaldas. Maldad. La hiena ríe mejor. Música. Chingón. México. La voz que eleva el alma. El silencio, la música de Dios. Soledad sin miedo. Solo en soledad. Yo. Soledad en compañía. Solo sin mi yo. Miedo. Pavor. El poder de las sombras. ¿Quién soy yo? Barreras. Cadenas. Engaños. Is there any body out there? Desconfianza. Acusaciones. Tergiversaciones. Ocultaciones. ¿Eres tú o soy yo? ¿Somos? La mentira como arma. El fin justifica los medios. Maquiavelo redivivo. El amor. Utilización. Cincuenta días para vender el alma. Espero un poco. Dejo un espacio, bebo absenta. Mejor. Disipo. Espero y escucho… Ya. Puedo seguir. O creo. Lo intento. Sigo. La pérdida de la sombra. ¿Quién entiende? Cristales rotos. Paredes blancas, manchadas. Lirios pisoteados. La pureza mancillada. Muertos en vida que crecen. Muertos en vida que se arrastran. Personas que son. Unos son. Otros han vuelto a ser. Bastones de apoyo. Vacía necesidad. Apariencias que engañan. Sabemos. Arañar el barniz y no encontrar sino vacío. No ver. No quiero. Sobrevivir. Negación de la evidencia. Renquera vital. Miedo atroz. Fantasmas que mienten y se mienten. ¡El poder de la palabra…! Confusión. Quiénes fuimos y quiénes somos y quién pudimos ser. Hello, hello, hola. ¿Quién es? Copiar. Burdamente copiar. Copiar al que copia. No hay originalidad. Caricatura. Sólo hay mediocridad. Conceptos. Realidad e irrealidad. Caravaggio. Luces y sombras. Sombras para realzar. Incapacidad. ¿Y ante eso qué? Dejarse ir. Vivo. Miento. Muero. Vendo. Utilizo. Piso. Cincuenta días para vender el alma. Treinta monedas de oro. Menos aún. Un muerto. Dos. Tres. Nadie. Vino. Una botella. Dos. Dios.

8/9/11

La oscura estupidez de una manzana. IV

Mujer manzana. Carlos Killian




Hoy he tenido que ir a comer con ella a un restaurante. Estaba cansado de sándwiches y cosas similares. Lo justifiqué con habilidad, pero todo tiene un límite y las explicaciones peregrinas comenzaban a crear un mal mirar que me hacían temer lo peor. El hecho de comer así, y esas porquerías, evitaba el tener que mirarla, el tenerla de frente, con todo lo que ello trae aparejado para mi salud mental, visual y estomacal. Lo lamentable era tener que oír el rumiar constante de zanahorias y algunas yerbas, amén de galletitas y cosas por el estilo –cosas de vegetarianos y su mundo-. Hoy, al insinuar que quería comer en un sitio decente, se ha puesto delante y me ha mirado de una forma excesivamente extraña, al tiempo que parecía retarme a que dijese que no. Y si ya de por sí me da miedo, esta vez me ha puesto los pelos como escarpias, al aproximarse y casi rozarme con sus globos oculares, incrustándome su olor corporal unido al de esa infame colonia que usa, y ese aliento aterrador que surge, sin duda, de lo más profundo del Averno, de sus cloacas estomacales, de sus intestinos, habitados por Dios sabe qué tipo de seres infectos, qué clase de bacterias o algas, gérmenes venidos de este y otros mundos.
Terror, eso es lo que he sentido, y balbuceando le he dicho que de acuerdo, o algo parecido.
Al final se decidió por un restaurante de comida típica, el Olde Hansa, en el número 1 de la calle Vana Turf. Estaba cerca, gracias a Dios. Temía el tener que andar mucho tiempo a su lado y soportar la mirada de asombro y terror, al tiempo, de los habitantes del lugar, hacia ella, cuando se cruzan con nosotros. Y son, miles y miles, tal vez cienmiles, más los extranjeros, que los hay y son legión. Y ese andar extraño, junto al sonido de sus pasos, que parece que golpea con todo el pie, con toda la planta del pie, provocando un sonido áspero, sordo, desagradable; y el balanceo de su cuerpo, bajo el manto de esta pertinaz lluvia que me acompaña como un ataúd, y ella mi sudario.
Desde que comenzamos esta andadura, que se me está haciendo eterna, tengo una sensación como de muerte en vida, como si viviese en una ciénaga y un ser extraño, pútrido y estúpido, me vigilara de cerca con oscuras y aviesas intenciones.
Nos trajeron la carta, y tardaron, y nos habían visto llegar y sentarnos, pero… es comprensible. Hube de insistir en que se acercaran (tal es el grado de rechazo y temor que provoca). En la separata de bebidas había kefir. Lo pidió para cenar, como bebida de acompañamiento. Me sorprendí, al igual que la camarera, ataviada a la moda medieval. Me reí, o sonreí más bien, y tímidamente. Ella se volvió hacia mí e hizo un comentario impertinente hacia mí y mis costumbres, añadiendo que ya lo había encontrado en otras cartas de otros restaurantes como bebida de acompañamiento, y que era de uso común, que está en la carta y que se puede beber con cualquier cosa. Yo le digo que en ella también está el espresso y el mojito, y que por qué no pide uno para los entrantes y el otro para el principal. Su mirada es hosca y muestra desprecio. Tú nunca has… La interrumpo y le digo que lo deje, que no importa, que está bien así si así lo considera, pues no sé dónde me puede llevar eso y con qué consecuencias. Y lo temo, y mucho.
Lo probó al servírselo. Puso cara de disgusto, o de asco más bien. Yo pensé para mí que era lo normal, pero preferí callar. Le echó sal y pimienta mi entras yo miraba hacia la ventana buscando algo o alguien, pero nada ni nadie pasó. Observé, con el rabillo del ojo, pues no quería que se sintiese observada, el proceso. Bebió, y antes de cada trago salpimentó el kefir. Acabó con el vaso. Le pregunté si no era para la comida. Su mirada fue de profundo desprecio, con toques de asesina múltiple. Trajeron la comida y decidí fijar mi mirada en mi plato. Sacó su cámara e hizo una foto al suyo.
Toda la noche la he pasado vomitando. He sentido el ruido de pasos cerca, pero no he visto a nadie. Hay un geco apostado en el alfeizar de la ventana. Creo que mira la manzana verde que hay sobre su mesilla.

30/8/11

Hambre



"Es noble intentar lo imposible". Borges.

Lo lamentable es que casi nadie hacemos, tan siquiera, lo posible.

27/8/11

La oscura estupidez de una manzana. III

Simpsons y Magritt. Matt Groening


Ayer no había papel en el aseo, nuevamente, repetición constante de un acontecimiento que no por ser habitual deja de sorprenderme. Comienzo a preocuparme seriamente. Seriamente. Lo reponen a diario, dos rollos. Lo sé porque inquirí ante su ausencia. Le pregunté a ella, también, a pesar del malestar de estómago que me produce ver sus dientes y sentir su pútrido aliento, pero sólo me sonríe con esa sonrisa sin sentido, meliflua, que sólo Dios o el Diablo sabrán lo que quiere decir, y esa mirada perdida y retorcida al tiempo.
La noche pasada me quedé despierto para averiguar qué hace con él, pero debí dormirme en algún momento pues esta mañana no había -papel me refiero-. Tal vez se levante en sueños, o despierta, no sé, y se enrolle con él cual momia egipcia; tal vez se lo coma, tal vez… No quiero pensar lo peor. Lo dejaré ahí. Me preocupa seriamente.
Hoy, mientras miraba el tiempo en el ordenador, he notado una presencia detrás de mí, y como una leve, fría y continua corriente de aire en mi brazo derecho. Tenía miedo, pavor más bien, y temía girarme. Pero… al final la curiosidad, o ese impulso que nos lleva a hacer cosas que no queremos o la morbosidad o vaya usted a saber qué, me hizo girar la cabeza tras esos minutos eternos de vacilación, o segundos quizá, momento en el que ella puso la suya en paralelo a la mía al tiempo que introducía su mirada en la pantalla utilizando sus ojos de sapo, tanto que casi la roza con ellos, dándome un susto de muerte.
Es un ser extraño. Tal vez ni sea de este mundo. Por ventura ni un ser siquiera. Quizá una pesadilla, una de mis peores pesadillas. Acaso mi karma, si creyese en él, quién sabe, pero no creo, por tanto...

21/8/11

La oscura estupidez de una manzana. II

Fernanda Pringles. "Mujer de bombín"




Sigo pensando qué hacer y cómo hacerlo.
Una fugaz aparición suya desvía mis pensamientos y me distrae en algo que le cuelga del mentón, una incipiente papada a modo de cresta desprendida, resbalada por la cara pintada de rojo, y enganchada a la mandíbula, pequeñísima; agarrada, moviéndose al compás de la música que el masticar compone en una especie de tenebroso vals, lleno de chasquidos (apenas perceptibles), guturalidades constantes cuando es ausente, con los saltones ojos clavados en el brócoli, y un cuchillo en una mano -que nunca deja- y el tenedor en la otra, mientras está masticando. En la cama (yo pegado a una esquina de la mía, la más alejada de su cuerpo -presto para cualquier eventualidad-), mientras Morfeo trata de huir de ella, pequeños chillidos surgen de sus adentros, como un ratoncillo afligido o como una rata famélica que hubiese obtenido algún placer largo tiempo anhelado; y esas respiraciones, que incitan a uno mismo a dejar de hacerlo.
Dios, no puedo más. Y sin embargo aquí me hallo, sin poder salir, o sin saber cómo.
Y clavo la vista de nuevo, en esta sala de espera, mientras el tiempo pasa con una cerveza en la mano y el tren no llega, buscando en un panel que anuncia líneas que no puedo coger, a Amsterdamas, a Bremenas, Londonas, Minskas, Paryžas, Kaliningradas… Todo recogido en la Tarptautiniai maršrutai. Qué extraño lenguaje el de estos paises que recorro despacio.
Y para qué, me digo, si los lagartos acechan detrás de las paredes, con una constancia aterradora, implacables. Seguros de su poder, seguros del tiempo y de su inevitabilidad.
Trata de ahogarme en la putridez. Tal vez busque mi desfallecimiento, que baje la guardia, que me abandone a lo inevitable.



Tras ir al baño, éste se ha convertido en un vertedero. Miles de pelos enroscados, sinuosos, se esparcen por el suelo, por las paredes de la ducha, del lavabo, de un inodoro nunca bajado, donde a veces deja un pequeño regalo, redondo, amarronado, que algún significado tendrá pero que no acierto a dar con él y sólo puedo quedarme con el detalle, lamentable detalle, por otra parte, de lo que es, restos de su defecación para el que detrás venga, que sólo soy yo; y forman, también, los pelos, una pequeña colina en el sumidero de la ducha. Pelos cortos, anaranjados.
El agua moja casi todo el suelo, encharcado. Hay que entrar con botas katiuskas.
Cuando sale, si no se ha secado el pelo con secador, lo hace peinada, o repeinada más bien. Una obra de imaginería. La Roldana se sentiría orgullosa si su discípula fuera. Una raya en medio le parte la cabeza en dos (figuradamente), hasta donde debió estar la fontanela y que probablemente se le cerró antes de tiempo, pues es imposible que haya alguien tan lerdo, tan estúpido e idiota, con un cerebro formado con normalidad. A partir de ahí el pelo cae hacia delante para formar un flequillo que tapa la frente, aunque siempre he pensado que esta es ausente, pero debe haberla, aun mínima. ¿Cómo será? ¿Qué habrá en ella? Cae, el pelo, sobre la figurada frente, en mechoncillos diminutos, en hileras con espacios entre ellas. Mil son, ni uno menos. El resto hacia los lados, en mechones extraños cogidos con una pinza en los laterales, en tonos naranja oscuro y algo reflectante. Previamente se ha vaciado un bote de espuma para poder hacer algo así y que con el tiempo el efecto siga. ¿Las razones? Oscuras, sin duda, siniestras.
He renunciado a mis queridas palabras tratando de mantenerme cuerdo, pero dudo de mi cordura ya. Y es que es de locos seguir hablando y no buscar el fin rápido. Las plantas, los árboles, dijo un día con cara de sentar cátedra, no son seres vivos. Y se quedó tan pancha. No sufren, porque no tienen sistema nervioso, ni sangran, porque no tienen sangre. Inmóvil el rictus, indiferente al resto de las expresiones en el resto de los presentes. Inmune a las palabras, las de los demás, a los razonamientos, a las demostraciones, a la ciencia, al saber, a la lógica.
Decía, afirmaba, dogmatizaba, que ella como buena vegetariana, budista/hinduista, mezcla o engrudo de no se sabe muy bien qué, no comía seres vivos, ni a los que se les había hecho morir (que tiene su lógica tras la primera afirmación). Recalcaba que sólo, entre otras cosas por eso, comía plantas. Un plátano no está vivo. ¿Y cuando lo arrancas del árbol? Me atreví a contestarle. Tampoco. Fue rotunda. Y no sufre, apostilló. Claro, si no está vivo, pensé para mí.
Me veía en ese piélago de absurdez, hablando con alguien como ella sobre algo como eso, sabiendo hacia donde me llevaría o me podría llevar. Y sin embargo seguía. Había algo que me impulsaba a seguir. ¿Y si las plantas no son seres vivos, qué son? Me atreví a preguntar. Un silencio se hizo ante mi gigantesca cerveza. No sufren, respondió al rato. Casi me ahogo con el trago que estaba bebiendo. Cuando me repuse la incité, ¿Son minerales entonces? El silencio se hizo de nuevo. Yo he leído… Hay un escrito de un médico vegetariano… Deberías hacer una nueva taxonomía, le dije interrumpiéndola, pero no me oía. Nunca me oye, jamás escucha. Decía…



He renunciado a todo y sin embargo me siento ausente. Los alacranes son augures siniestros, la suciedad me invade y ya no veo con claridad.
Juro por Dios que es verdad, y sin embargo no sé, ya, dónde radica la verdad. Hacia dónde voy no lo sé. Y espero salir, pero las fuerzas son cada vez menos y no sé, realmente, ni quién soy.
Tallín ya no es lo que era. Siniestra ventura su llegada.





17/8/11

La oscura estupidez de una manzana. I

La manzana. Rene Magritte




Y juro por Dios que es verdad.
Me encontraba debajo del alero de un tejado, en la hermosa Tallín, resguardado de la lluvia, con ella detrás, en el silencio grato que provocan las gotas entre el gris plomizo, sumida la mirada en la belleza estática del juego de volúmenes que la geometría de los techos de la ciudad y sus torres provoca, cuando, de repente, como por ensalmo, aparece ella (otra ella, es evidente, salvo que no esté cuerdo), por delante, con un hombre al lado, de pelo blanco y corto, y perilla, blanca también. Enfundada en un chubasquero, dejando al aire su extraña cara de mil picos, con su gesto agrio; con sus ojos saltones, caídos, rodeados de mil rayas gigantes como cañones del colorado; con sus pegotes de colorete rojo teja sobre los pómulos blancos, como aquellas muñecas antiguas o como esas viejas, blancas, pajizas, antiguas también, casi muertas o céreas; con su pequeñísima boca de bordes caídos, a juego con los ojos y sus rayas, y que esconden unos dientes semiverdosos; y con unas guedejas encuadrando ese extraño óvalo, o lo que sea, que surgen de debajo de la capucha que la resguarda; uedejas de color teja, también (tal vez en productos naturales, como la otra –hena-). Viste una especie de pantalones pirata que dejan ver los huesudos tobillos. Anda como a descompás, con cierto vencimiento a la izquierda. Una ligera cojera que no lo es, y como golpeando con toda la planta al pisar, quizá debido a la curvatura del cuerpo, con un ligero abombamiento de la espalda, a la altura de los omoplatos, hacia atrás, en tanto que los hombros están como disparados hacia delante. Tal vez sea ese desastre lo que provoque el extraño balanceo lateral y su cuasi renquera. No lo sé a ciencia cierta, pues no soy anatomista, ni experto en andares, ni traumatólogo, ni… no sé. Pero que así es es algo que a la vista salta como un sapo a destiempo en días de calor.
Me mira y la mira. Le sonríe, deduzco, porque conozco bien esa mueca que no es sonrisa pero sí, aunque no. Extraña, asaz extraña. Él me mira tras verla a ella, la de detrás de mí. Me sonríe con tristeza y sigue.
Me giro hacia ella, la que me acompaña, y está ahí. No es un salto en el tiempo. No he envejecido quince años, aunque ella es la otra ya. Pero yo no. Ella sí. Tal vez haya sido así durante toda su eternidad. Tal vez nació así ya. Tal vez sea una premonición, un aviso de algo o de alguien. Algo como corre cuanto puedas. No me lo puedo creer. es aterrador, una pesadilla, un juego macabro de mi mente.

10/7/11

En Xanadu, Kubla Khan

Ilustración del Libro de las Maravillas de Marco Polo



La trama del pensamiento es especial, y es curioso cómo funciona el subconsciente (también el consciente, pero...). El azar y las conexiones, las casualidades, todas esas cosas que pasan. En un breve periodo de tiempo, por determinadas circunstancias aparecen en mi vida, o reaparecen, Marco Polo, Venecia, Mongolia, Borges, la montaña, la espeleología, confluyendo todo en el poema incompleto de Coleridge.
Siempre me gustó lo que escribió Borges sobre él, casi más que el poema mismo. Dice Borges:
"
Un emperador mogol, en el siglo XIII, sueña un palacio y lo edifica conforme a la visión; en el siglo XVIII, un poeta inglés que no pudo saber que esa fábrica se derivó de un sueño, sueña un poema sobre el palacio. Confrontadas con esta simetría, que trabaja con almas de hombres que duermen y abarca continentes y siglos, nada o muy poco son, me parece, las levitaciones, resurrecciones y apariciones de los libros piadosos.
¿Qué explicación preferiremos? Quienes de antemano rechazan lo sobrenatural (yo trato, siempre, de pertenecer, a ese gremio) juzgarán que la historia de los dos sueños es una coincidencia, un dibujo trazado por el azar, como las formas de leones o de caballos que a veces configuran las nubes. Otros argüirán que el poeta supo de algún modo que el emperador había soñado el palacio y dijo haber soñado el poema para crear una espléndida ficción que asimismo paliara o justificara lo truncado y rapsódico de los versos. Esta conjetura es verosímil, pero nos obliga a postular, arbitrariamente, un texto no identificado por los sinólogos en el que Coleridge pudo leer, antes de 1816, el sueño de Kubla. Más encantadoras son las hipótesis que trascienden lo racional. Por ejemplo, cabe suponer que el alma del emperador, destruido el palacio, penetró en el alma de Coleridge, para que éste lo reconstruyera en palabras, más duraderas que los mármoles y metales.

El primer sueño agregó a la realidad un palacio; el segundo, que se produjo cinco siglos después, un poema (o principio de poema) sugerido por el palacio; la similitud de los sueños deja entrever un plan; el período enorme revela un ejecutor sobrehumano. Indagar el propósito de ese inmortal o de ese longevo sería, tal vez, no menos atrevido que inútil, pero es lícito sospechar que no lo ha logrado. En 1691, el P. Gerbillon, de la Compañía de Jesús, comprobó que del palacio de Kublai Khan sólo quedaban ruinas; del poema nos consta que apenas se rescataron cincuenta versos. Tales hechos permiten conjeturar que la serie de sueños y de trabajos no ha tocado a su fin. Al primer soñador le fue deparada en la noche la visión del palacio y lo construyó; al segundo, que no supo del sueño del anterior, el poema sobre el palacio. Si no marra el esquema, alguien, en una noche de la que nos apartan los siglos, soñará el mismo sueño y no sospechará que otros lo soñaron y le dará la forma de un mármol o de una música. Quizá la serie de los sueños no tenga fin, quizá la clave esté en el último."


Y aquí el poema de Coleridge:


En Xanadú, Kubla Khan
mandó que levantaran su cúpula señera:
allí donde discurre Alfa, el río sagrado,
por cavernas que nunca ha sondeado el hombre,
hacia una mar que el sol no alcanza nunca.
Dos veces cinco millas de tierra muy feraz
ciñeron de altas torres y murallas:
y había allí jardines con brillo de arroyuelos,
donde, abundoso, el árbol de incienso florecía,
y bosques viejos como las colinas
cercando los rincones de verde soleado.
¡Oh sima de misterio, que se abría
bajo la verde loma, cruzando entre los cedros!
Era un lugar salvaje, tan sacro y hechizado
como el que frecuentara, bajo menguante luna,
una mujer, gimiendo de amor por un espíritu.
Y del abismo hirviente y con fragores
sin fin, cual si la tierra jadeara,
hízose que brotara un agua caudalosa,
entre cuyo manar veloz e intermitente
se enlazaban fragmentos enormes, a manera
de granizo o de mieses que el trillador separa:
y en medio de las rocas danzantes, para siempre,
lanzóse el sacro río.
Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,
siguió el sagrado río por valles y collados,
hacia aquellas cavernas que no ha medido el hombre,
y hundióse con fragor en una mar sin vida:
y en medio del estruendo, oyó Kubla, lejanas,
las voces de otros tiempos, augurio de la guerra.
La sombra de la cúpula deliciosa flotaba
encima de las ondas,
y allí se oía aquel rumor mezclado
del agua y las cavernas.
¡Oh, singular, maravillosa fábrica:
sobre heladas cavernas la cúpula de sol!
Un día, en mis ensueños,
una joven con un salterio aparecía
llegaba de Abisinia esa doncella
y pulsaba el salterio;
cantando las montañas de Aboré.
Si revivir lograra en mis entrañas
su música y su canto,
tal fuera mi delicia,
que con la melodía potente y sostenida
alzaría en el aire aquella cúpula,
la cúpula de sol y las cuevas de hielo.
Y cuantos me escucharan las verían
y todos clamarían: «¡Deteneos!
¡Ved sus ojos de llama y su cabello loco!
Tres círculos trazados en torno suyo
y los ojos cerrad con miedo sacro,
pues se nutrió con néctar de las flores
y la leche probó del Paraíso
.