17/1/11

El río de las sombras. III

La niña, sentada sobre la alfombra, roja, de la habitación, jugaba con unas barras de hierro imantadas y unas bolas, tratando de crear formas, letras y números. Tenía los ojos de color azul verdoso, siendo el azul como el halo del verde; grandes y de forma almendrada; con unas pestañas eternas. El pelo no muy largo y recogido atrás, en una pequeña cola, bastante alta; los labios carnosos y sonrosados; la cara ovalada. Su piel era blanca y cálida, suave. Llevaba una sudadera roja, de Hello Kitty, con el dibujo y el nombre en blanco, y unos pantalones del mismo color.
Hacía calor en la habitación. Mira papá lo que he puesto. Con las piezas había escrito su nombre. La miró sonriendo y le corrigió la última A. Al cabo de cierto tiempo le dijo que recogiera todas las piezas y las metiera en su bote para guardarlas. Le costaba deshacer algunas de ellas, que se habían pegado, ya que al separarlas se unían a otras por efecto del magnetismo y la proximidad de todas. De repente las tiró todas y levantando la voz dijo: ¡Ay, qué lío! No pudo, él, reprimir una carcajada y, acercarse a ella, abrazándola y repitiendo, qué lío, qué lío, hasta conseguir una sonrisa en sus labios. La besó.

2 comentarios:

40añera dijo...

Ternura en una habitación ventilada por pestañas.
Besos y buena semana

Diego Jurado Lara dijo...

Excesiva para ese mundo, quizá para éste, pero qué sería de él sin ella...
Un beso y buena semana, para ti, de esta que comienza y espero que la anterior lo haya sido también.
Mil gracias 40añera.