31/7/13

Setenta veces siete


La podredumbre solo recibirá cieno, vacío, la nada. Una lenta muerte en las eternas horas de la soledad, intentando descarnar la piedra angular, creciente, absoluta, con sus solos colmillos, un día y otro y otro más, durante toda la eternidad, sin conseguir ni tan solo arañarla. Sin poder, tan siquiera, llorar.