22/3/11

The catalyst

Ayer encontré un papel arrugado en el suelo. Lo cogí y lo leí. Lo memoricé y lo dejé, con reverencia, otra vez en el suelo, como si fuese el altar y el papel el objeto consagrado. Me fui lento, callado y lento; cabizbajo y pensativo, casi muerto.
Decía:
Me quedo aquí. Siempre quise morir tumbado, rodeado de los míos; sin embargo he de hacerlo solo y de pie, y descalzo. No sé si sirve ni si sirvió de algo, andar así, caminar como un desterrado, o como un franciscano -voces en ambos sentidos saldrán, las unas en susurro, las otras ladrando-. No puedo más, y juro por Dios que soy de esfuerzos titánicos. Necesito enraizarme a la tierra, sentirme anclado. Vivir como un nómada y hacerlo descalzo te deja lacerada el alma ante tanto espanto. Y es que los ríos de la infamia hieden, y Asisi queda tan lejos y yo no soy un fratelli.
No hay efebos sin pústulas. Necesito Tiempo.
Bebí la vida como un cosaco. Y ahora...
Viví las guerras como mis guerras, como la Guerra. Anduve por los yertos campos, entre cuerpos mutilados, fragmentados, casi como un poseso en busca de algo, en busca de mí, en busca de ti, en busca de un hombre. Diógenes moderno, agotado, cansado, muerto.
Me quedo aquí. Hay tantos tonos de verde a mi lado. Hay tanto que mirar, tanto que ver. Sin embargo... se me cierran los párpados.
Hay un francotirador arrodillado, a lo lejos, camuflado, que mira algo en en la línea del horizonte. Hay como un espantajo, que perdió la dignidad en el camino de las sombras, movido a impulsos de un viento helado, clavado a una mirilla, crucificado, en un tiempo que no es tiempo, sin espacio. Pero, ¿ya muerto Caravaggio, qué retiene el tiempo? La dignidad es un pesado fardo, incluso puede que sólo un punto de vista.
Me quedo aquí, de pie. Estoy cansado. En el fulgor del último momento, con la brillantez del sonido, tras la línea dibujada en el espacio por ese objeto metálico.
Una vez leí: “Si el resplandor de mil soles fueran a estallar a la vez en el cielo, eso sería como el esplendor del Todopoderoso. Yo soy poderoso, tiempo de destruir el mundo”.
Sólo lo transcribo, y aun así no sé si es lo que debía hacer en ambos casos. No puedo quitarme esa canción de la cabeza.

2 comentarios:

40añera dijo...

A mi me ha pasado lo mismo con tu entrada la he leído con reverencia.
Un saludo

Diego Jurado Lara dijo...

Mil gracias; excesivo halago, pero agradecido, 40añera.
un placer que estés aquí.
Saludos