19/3/09

A mi padre

Odié, desprecié, discutí, admiré y amé a mi padre de una forma que ahora, después de pasado el tiempo, me da miedo. Incluso, tras unos años de su muerte, pienso, a veces, en cómo era posible que existiesen esos sentimientos en mí. La edad supongo, sobre todo la pubertad y el deseo o el propio hecho evolutivo de crearte una personalidad, para lo que hay que oponerse a la norma, enfrentarse al poder, a la autoridad…
Pero el tiempo es sabio. Creces y ves. La distancia y el tiempo te dan una perspectiva que el presente no te permite. Te dan una visión de los hechos que el momento desvirtúa, dramatiza y agranda, e incluso que, vistos desde esa distancia, no son los que vivimos sino otros absolutamente opuestos.
Ahora, que el paso del tiempo me permite ver la figura de mi padre con suavidad, y que su ausencia es absolutamente total, lamento todas las veces que me enfrenté a él, no por el hecho en sí, sino por el dolor que le produje; lamento todos los quebraderos de cabeza que le hice pasar, que fueron muchos; lamento los sinsabores, las decepciones, las malas palabras, los malos gestos, los desprecios; lamento todas y cada una de las acciones que le produjeron dolor. Porque sé, ahora, que todo lo que hizo, bien o mal, conmigo, lo hizo con toda su buena intención. Equivocado o no en el fondo y la forma. Siempre quiso lo mejor para mí. Por eso lamento tanto todas esas cosas. Pero lo que más lamento y me hiere el alma, es la cantidad de veces que no le dije te quiero papá. Porque sé lo que lo necesitaba, lo que lo deseaba. Y lo lamento porque siempre le quise, le quiero y le querré. Porque es mi padre. De ahí el hartazgo de llorar cuando me despedí de él en la UCI, aquel treinta y uno de diciembre, cuando no me oía, cuando sabía, a ciencia cierta, que ya no lo volvería a ver más.
Ya sólo me queda llevarlo en ese sitio del alma donde se guardan los recuerdos más hermosos. Allí donde siempre estarán las personas que más he querido y quiero en este mundo. Cuánto lo hecho de menos, a veces, ahora.
Por todo ello, quiero agradecer a mi padre el placer de haber estado con él en la vida, de que me haya querido tanto, de que me haya educado, de que me la haya dado. Aunque no esté a mi lado físicamente, siempre estará dentro de mí, como lo que es, mi Padre.

4 comentarios:

Rudy Spillman dijo...

Diego, tremendo lo bueno y tremendo lo malo, tremendo todo lo que dices. La relación con tu padre es una historia que se suele repetir entre padres e hijos. Es probable que las causas sean más de una. Posee una fuerte carga emotiva tu relato y si te permite una catarsis, aliviar tus sentimientos y recomponer esa relación con este texto tan sentido volcando afectos que en su momento no pudieron ser expresados, bien merecido lo tienes por la audacia que demuestras compartiéndolo con los demás.
Un fuerte y afectuoso abrazo, amigo.
Rudy

AnDRoMeDa dijo...

Hermoso, mi niño... sencillamente hermoso.
La relación con nuestros padres siempre es de amor-odio. Tan compleja como la vida misma. Te leí y me hiciste recordar muchas cosas que me llevaron a sonreír, a ensimismarme, a pensar... gracias por compartir esto.

Un beso enorme. Cuídate.

Andro.*.

Crestfallen dijo...

Cierto Diego que con perspectiva las cosas se ven de otro modo. Cierto también que en muchas ocasiones nos olvidamos de agradecer con palabras y hechos el amor que nos une a nuestros padres. Un texto para reflexionar.

Un gran abrazo, que estés bien!

Anónimo dijo...

Hola Rudy.
La relación con mi padre fue complej, sí. Y sin duda las causas fueron más de una. Pero es lo de menos. La catarsis ya la hice hace tiempo. Y sólo quda, como siempre predominó el amor hacia él por encima de culquier otro sentimiento, y ahora, ya ves...
Un fuerte abrazo amigo mío.

Hola Andro.
Muchas gracias por ts alabras. me alegro de que te llevara a sentimientos y emociones. Gracias a ti por estar ahí.
Ya te comentaré, en privado, sobre tu proyecto de novela, si me lo permites.
Un beso

Hola Mireia.
Así es o son las relaciones con ellos, a veces,y a veces olemos comportarnos así, pero buno, el tiempocomosiempe pone todos y a todo en su lugar y da la medida de las cosas. Gracias.
Un beso.
Diego