16/7/09

Recorro la noche

Cruzamos las líneas sin inmutarnos. Casi todo cuesta mucho. Lo que merece la pena lo es. La inversión se ha de hacer, si lo quieres. ¿Merece la pena? Las luces de la ciudad son aparentes. Iluminan a los locos, a los cuerdos y a los necios. Vaya donde vaya siempre es igual. Cojo un paquete de cigarrillos. Enciendo uno. No es el primero. Recorro el tiempo en este espacio. Los ángeles cruzan el negro cielo de la noche mirando, esperando. Los percibo arriba, aguardando. Su halo y sus sombras. Los reflejos. Hay un río cercano. Oigo el agua como fluye, cantando. Es dura la oscuridad pero queda algo, reflejos dorados, sonidos. Están alrededor, los siento, y los llevo atrapados. Creo en las rosas a pesar de sus espinas, y sin embargo… Las almas, a veces, tienen espacios con aristas. No importa. Es así como se ha de vivir la vida. Se elevan preces al aire en busca de la verdad en este lapso. Sé que está ahí. Pregunto y encuentro las respuestas dentro, en la caricia del viento. Camino entre sombras y personas en sombra. Oro y plata. Negro y blanco. Caballos alados que siguen el camino de personas que no saben andarlo. Perdidos ambos. No hay temor, sólo al temor. No cierres las puertas, estoy aquí, estoy llegando. No todo es gris en esta noche, yo soy color, incluso en la lluvia y el frío. Ven. Cruza conmigo.

4 comentarios:

AnDróMeDa dijo...

Bellisimo, bambino! ;)
Realmente conmovedor. Me encanta la manera en que combinas la magia y la fantasía con la realidad.
Un escrito muy vivificante. Un placer leerte como siempre.
Un beso!

Anónimo dijo...

Mil gracias Andro, por tus palabras, bellísimas y muy agradables. El placer es mío, leerte y saber de ti. Todo un lujo.
Hablamos pronto y me cuentas. Espero que estés bien.
Un besazo.
Diego

Rudy Spillman dijo...

Diego, mientras leía este escrito creo haber sentido exacto lo que describe AnDróMeDa. Envuelves la fantasía y la realidad de manera tal que has logrado hacerme cruzar el río.
Ya parece redundante mi felicitación, pareciera más bien perenne.
Abrazos, querido amigo.

Anónimo dijo...

¿Qué puedo decirte, amigo mío? Al margen de darte las gracias por tus palabras, siempre está el placer de leerte, de tu sapiencia en leerme, y, por encima de todo, de saberme tu amigo.
Un fuerte abrazo Rudy.
Diego