16/9/10

Del lado oscuro de la luna. I

El vacío de los sueños siempre lleva a un sueño vacío.

Sentía el rumor inmundo de los cuervos, al anidar por la noche en el centenario nogal que había en el segundo patio, como un martilleo constante que le taladraba los oídos. Castigado en la oscura cuadra, anegado en lágrimas por el terror que se escondía tras la puerta interior, donde su padre le había dicho que, más allá, habitaban los demonios. Cuatro años, y ya el sufrimiento atroz de estar donde estaba, pero sobre todo, el sufrimiento por el daño inflingido a sus padres, por la carga que habían de soportar por su presencia, y que ni tan siquiera los violentos correazos, con que hasta aquella cárcel demoníaca le había llevado su progenitor, podían mitigar.
¡Dios, cuánto dolor por cuanta infamia! Jamás podría ser perdonado. Jamás podría ser amado, jamás podría ser salvo. Jamás podría alcanzar la felicidad, ni en este mundo ni el venidero. Jamás. Y las lágrimas le corrían por las infantiles mejillas como un río sin fin y sin destino. Y no había nadie. Nunca había nadie. Sólo la noche, que le acogía en sus dulces brazos, como una muerte amable.

2 comentarios:

Carmela dijo...

Me has encogido el corazón Diego...
No puedo decir nada mas.
Un biquiño

Anónimo dijo...

Lo lamento, Carmela, aunque espero que, al menos, hayas disfrutado de las formas.
Un beso, y mil gracias, como siempre, por tus suaves y sentidas palabras.
Diego