10/4/10

En lo infinito

Yo busco personas en este océano de gente. Y no encuentro, o encuentro pocas. Tal vez porque busco en el lugar inadecuado y entre lo inadecuado, tal vez, no lo sé, tal vez esté equivocado, pero me cuesta encontrarlas. Alguien me dijo recientemente que había perdido la fe en las personas, y no, no la he perdido, la tengo, lo que ocurre es que, tal vez también, ellas, han perdido la fe en mí. ¿Soy exigente? Quizá, pero creo que hay que serlo so pena de caer en la esterilidad, en la abulia de lo anormalmente normal, y morir de tedio ahí, en ese corral, habiendo montañas a las que subir, por las que vagar, en donde mirar y perderse para ser y saborear. Por eso la montaña, ese lugar que no te pertenece nunca, sino al que perteneces, donde estás preso del aire leve, donde, si sabes, si eres, si tienes, puedes encontrar la sustancia de los sueños. Ese lugar remoto, hermoso y vertical, donde no cabe la mezquindad de la gente, donde las piedras tienen siglos y te muestran el tiempo, donde las hojas te enseñan a morir con el esplendor y la ternura del color, con la cadencia de su movimiento al caer y, tras posarse, esperar inertes el suave cambio matérico; donde el aire te arropa en murmullos lentos de sonidos cálidos, en músicas de siempre; donde se es sincero con uno mismo y con los demás, so pena de perecer. Es suficiente querer estar en ella y proponérselo para sentir la Vida, porque la montaña, como dijo alguien, esconde el verdadero alpinismo, el más puro espíritu de aventura. La vida está en la montaña, es en ella, porque ahí, en su seno, se aprenden los valores esenciales. Yo vivo. Yo he sobrevivido. Quizá porque no he querido ni podido dejarme morir. Por eso, tú, tú que haces cosas bellas, tú que buscas la belleza, tú que sientes la vida, que la buscas, que la ansías, no tengas miedo de medirte con ella, no tengas miedo de medirte conmigo. En la penumbra, cuando apenas la luz es, cuando todo se apaga, allí arriba, cerca de los cielos, cerca de donde las cumbres besan las estrellas, donde aún hay nieve, donde todo puede ser, atisbo esa presencia, tan distinta a las presencias que se mueven entre las sombras, de abajo, movidas por las mareas, como amebas gigantescas, apenas vistas por transparentes, apenas oídas por silenciosas; apenas nadas en la nada de esta vida no vivida por la que pasan. Y es que el mundo está lleno de inválidos de alma y cuerpo, como decía Baudelaire. Pero era un maldito. ¿Quién lo escucha? Oímos pero no escuchamos. Todos somos sabios de todo. Sabemos de todo. Los que más sabemos. Nos permitimos el lujo de aconsejar. Los perfectos consejeros. Los dioses de la nada. Pero somos incapaces de mirarnos dentro y ver nuestras miserias, nuestras vidas maltrechas, nuestras existencias tiradas, desperdiciadas. No queremos subir arriba; demasiado esfuerzo. Y desde abajo, sin conocer el camino, sin tan siquiera intuirlo, lanzamos gritos sobre cómo hacerlo. Y ahí nos quedamos, esperando que los demás se queden con nosotros, en el valle de las sombras, en la sima de los llantos. Triste consuelo para desesperados. Cuantos más seamos menos mal nos sentiremos, nos decimos, nos convencemos. Aire, para respirar; silencio para comprender, luz para mirar, color para vivir. La montaña lo es todo. La montaña es la vida. Arriba soy yo.
Un hauki para terminar, surgido arriba, bajo el manto de estrellas, arropado por el frío, a la luz de una lámpara de gas, y con una taza de café caliente en las manos. Donde todo es silencio. Donde todo respira vida.
Larga es la noche
revestida de ausencias.
Sólo el silencio.

13 comentarios:

María Jiménez V. dijo...

"Lo mejor de alcanzar la cima de la montaña es los pasos dados mientras ascendemos hacia ella"
Lo aprendido, el descubrirnos a nosotros mismos desde adentro, donde aprendemos a valorar y disfrutas del sonido del silencio, donde las pequeñas cosas cobrar verdadero sentido, donde el significado de los sentimientos más puros y tiernos se convierten en nuestras vestiduras...
¿Será que buscamos en los lugares inadecuados? ó ¿será que no debemos buscar sino aprender a ver, quitarnos la venda que nos impide ver lo que de pronto esta frente a nuestros ojos?

Gracias Diego
Besos

lara garcia dijo...

Muy bonito si señor.
A tu alumna que es mi sobrina que va a el IES.Gaia tambien le ha gustado.
Un saludo, Diego

Tânia Souza dijo...

De uma densidade envolvente, quase impossível não se emocionar perante a beleza deste texto, e do melancolia revestida de beleza neste intenso hauki. É preciso, com urgência "encontrar la sustancia de los sueños".

Carmela dijo...

Me he quedado sin palabras.
Enhorabuena.
Biquiños.

Marisa dijo...

Ser exigente es una gran virtud, Diego. Poco más que poder aportar a tu bella vorágine de sentimientos.
Un beso.

Ruth dijo...

Es asombroso el paralelismo que hay en la naturaleza, con la vida real. Es en esas cosas tan naturales, en las que encuentras respuestas a muchas preguntas, dudas, y de algún modo la naturaleza también te fortalece, te enseña.
Sólo cuando llegas a la cumbre, aún no siendo la más alta cumbre, te das cuenta que todo mereció la pena, que la dureza de la escalada sólo es la antesala para valorar el logro, sin esa dureza todo carecería de sentido.
Y lo mismo pasa con las "personas", tienes que escalar entre la marabunta de gente para encontrar "personas", pero existen, están ahí y sin duda merece la pena buscarlas, porque cuando encuentras una hace bello todo lo demás.

Besos mi querida "persona".

Anónimo dijo...

Lo mejor es subir, sin duda, María; subir por el mero placer de hacerlo. Y todo eso que dicess en el segundo párrafo es una tarea que se debe hacer mirando, aprendiendo, con la humildadque te impone el ascenso.
Y quizá, tal vez sí, lleves razón en el tercero y sea eso lo que hay que hacer.
Una gran lección la tuya. Gracias a ti.
Un beso.
Diego

Anónimo dijo...

Muchas gracias Lara. Me alegro de que te guste, y a tu sobrina.
Eso ya aclara algunas cosas.
Un saludo.
Diego

Anónimo dijo...

Es preciso encontrarla, Tania, la sustancia de los sueños, para seguir viviendo, para seguir soñando, para ser.
Siempre es un placer saber de ti, de los sentimientos que producen en ti mis palabras y la forma en que lo hago. Dice mucho de tu sensibilidad, de ti. Todo un lujo que estés aquí, con tu lengua tan cálida y hermosa, y tus palabras tan sentidas y agradables.
Un beso.
Diego

Anónimo dijo...

Gracias Carmela. Espero que para bien. Un placer.
Un beso para ti también.
Diego

Anónimo dijo...

Una gran virtud, sí, Marisa, pero incomprendida, y a veces mal mirada, confundida.
Con que estés es suficiente. es un inmenso placerlo.
Un beso.
Diego

Anónimo dijo...

Lo es, Ruth, lo es.
Y ¿qué puedo añadir que no hayas dicho tú y yo en el escrito?
Sobran las palabras.
Un beso, y mil gracias pr ese calificativo. Eso es lo que quiero llegar a ser, persona, en el pleno sentido de la palabra, humano; y sobre todo buena persona.
Diego

lara dijo...

¿Qué cosas aclara?
Un saludo