27/4/10

Las razones de los muertos. I

Yo soy un muerto. Así, sin más. Un muerto. Puede parecer una broma pero no lo es. Muerto, muerto. ¿Increíble? No. Es sencillo. Me quedé sin tabaco (que esas cosas pasan). Busqué por toda la casa, en los cajones, en los bolsillos de las chaquetas, en el bolso de mi mujer. Nada. Vacié el cubo de la basura por si había alguna colilla. Encontré una bastante grande pero estaba húmeda. La cogí ansioso e intenté encenderla. Ni “patrás”. Intenté recordar donde dejé aquel puro de la última boda a la que me invitaron. Le di vueltas al cerebro en busca de una respuesta. Y llegó. Me lo había fumado en una situación similar a ésta. Y es que soy un desastre y además... más perro que un trillo. Me hice una especie de liadillo con papel de periódico, pero el picor en la garganta y el dolor tan tremendo en los pulmones que el humo me produjo al entrar en mi cuerpo tras la primera calada, me indujeron a apagar aquello so pena de morir de una forma rara y espantosa. No me quedó más remedio que bajar a comprar un paquete. Me quité mi batín de cuadros escoceses, el pijama de felpa gris con la cara de un bulldog impreso en la camiseta, que mi mujer había tenido a bien regalarme para mi cumpleaños, las zapatillas de estar por casa, y me vestí. Las tres y media de la madrugada. No podía dormir y no tenía tabaco. Viernes. Mi mujer de parranda con las vecinas. Cuando llegué al único bar que quedaba abierto, después de recorrerme no sé cuantas manzanas, no les quedaba nada más que Ducados. Yo fumo rubio casi desde que nací. Parecía una conspiración para que dejase de fumar. Pero la necesidad de nicotina pudo más que el asco que me producía el olor del tabaco negro. ¡¿Que remedio?! Compré un paquete. Le di un billete de cinco euros y recibí (tras la consiguiente pregunta de: ¿No lleva suelto?, y la respuesta: ¡No!, un paquete de Ducados y una infinidad de monedas de diez céntimos. ¿Mala leche? Salí a la calle con un ligero desequilibrio hacia la derecha, provocado por el sobrepeso de las monedas en el bolsillo derecho del pantalón, abrí el paquete, saqué un cigarrillo y lo fui a encender cuando, en mitad de la avenida, me pareció ver un billete. No todo van a ser desgracias, pensé. Me acerqué y... efectivamente, un billete de cincuenta euros. Me agaché, con el cigarrillo aún sin encender en los labios, para cogerlo. Más contento que unas pascuas. Lo tenía ya en las manos y me iba a levantar cuando sucedió. Un borracho, sin miramiento alguno, me atropelló. ¡Y el cigarrillo sin encender! Muerto en el acto. Es sencillo. Por eso estoy muerto. Llevo dos años, tres meses y veintitrés días muerto. Y estoy harto.

8 comentarios:

Marisa dijo...

Muy divertido, Diego, y mucho ingenio. Si es que está claro que fumar mata...pero mata de verdad,jeje.
La descripción que haces del momento que nos falta un cigarrillo sin apenas posibilidad de conseguirlo es de una realidad increíble, ¿fumas, no?
Un abrazo.

Llum Rovira Gil dijo...

Me gusta! la verdad es que engancha.
Te recuerdo que creo que voy mejorando y que si quieres fotografias estaré encantada de poner las mias a tu disposición. Sabes que me gusta.

Ves pensando en un espacio en tu apretada agenda, que si no no te veo.
Muchos besos y abrazos.


Llum

Ornella dijo...

Compañero... me ha entretenido el texto.. me he visto en más de una oportunidad.. sin cigarrillos, buscando en cajones y no encontrando nada.. aunque.. también.. en algunas oportunidades he salido a comprar.. pero no me han pasado tantas cosas como atí.. jaja.. Buena manera de ir llevando al lector.. sin cansar, es bonito ir imaginando cada escena.. y es posible cuando existe una empatía entre el que escribe y el que lee..me he sentido muy a gusto.. ahora mismo.. me han dado ganas de encender un cigarrillo.. al pié!.. cariños.. sigo la mecha de tus letras.. hasta prontito

Carmela dijo...

Yo, una vez intenté fumarme el dedo, pero no encendía.
Que poquita cosa somos, eh?
Un biquiño.

Anónimo dijo...

Es algo ligero, Marisa, no pretendo sino pasar un buen rato escribiendo eso, riéndome un poco. Si te ha divertido es que he conseguido transmitir esa diversión mía.
Fumaba, pero me mata, a veces, el no hacerlo.
Un abrazo.
Diego

Anónimo dijo...

Me alegro que te guste, Llum. La risa es sana, y aleja tiempos. Cómo no vas a mejorar si llevas la sensibilidad en la piel, y el talento en la cabeza... Ya te pediré algo, pronto, lo voy a necesitar, y especial.
Buscaremos algo, que hace tiempo, y toca.
Un beso, guapa.
Diego

Anónimo dijo...

Es que el tema de la ausencia de tabaco es criminal, Ornella.
Gracias por esas palabras hacia mís letras, demasiado bonitas y que quedan dentro. Pues fuma, que como decía el cuplé, fumar es un placer...
Un beso.
Diego

Anónimo dijo...

Qué cosas te pasan; y luego me dices que mato a todos. Sie es que...
No somos nada, pero somos, al menos, eso, y eso ya es.
Un beso.
Diego