29/4/10

Las razones de los muertos. II. Final

En todo ese tiempo no me he podido llevar un puto cigarrillo a la boca, y mira que lo he intentado. Lo he probado todo, de mil maneras diferentes, pero nada. Nada de nada. Por no poder no he podido ni siquiera cogerlo. Pero no sé que coño pasa que el olor si que me llega, o eso creo, pues a lo mejor es un asqueroso recuerdo. No sé. Pero estoy harto de estar muerto y no poder fumar a pesar de desearlo con todas mis fuerzas. ¡Qué asco de vida! No, ¡qué asco de muerte! Hay tres compañeros que no paran de seguirme a todos lados. Le han cogido gusto a mirarme cuando me acerco a alguien que está fumando e intento aspirar el humo que expulsa. Me muero de deseo, cierro los ojos, abro la boca y aspiro, pero nada, el humo me atraviesa y no consigo que entre en los pulmones. ¿Tendré? Pero lo huelo. ¡Maldita sea! Lo huelo, y me está matando. Bueno, matando no, que ya estoy muerto. Y los desgraciados se parten de risa mientras miro como lo hago. Si pudiera los mataba, pero como están muertos. Y ahí están, muertos de risa. Vaya frase: Muertos de risa. Muertos que se mueren de risa. Debe ser el colmo. Seguro que no se le ha ocurrido eso a ningún cuentachistes. Debería estar muerto para llegar a eso. Creo que estoy en el infierno. Si no, no lo entiendo. Mi castigo, oler eternamente el tabaco y no poder probarlo. Ah, que tiempos aquellos en que estaba vivo. Y así, me temo, durante el resto de los tiempos. ¡Qué asco de vida, pijo! ¡Qué asco! De muerte quiero decir. Aquí, sentado, y diciéndome a mí mismo esta sarta de tonterías, porque yo soy el único que me entiende, porque como estoy muerto -bueno, y esos tres estúpidos muertos que me siguen a todas partes riéndose a mi costa-, pues nadie me oye. ¿Quién iba a escuchar a un muerto aunque pudiera? Y todo por un puñetero cigarrillo. Qué mala suerte. Qué perra muerte. Perra vida y perra muerte. Si ya me lo advirtió mi mujer: un día, ya verás, el tabaco te va a matar. Quién me lo iba a decir. Qué cosas.

6 comentarios:

Marisa dijo...

Así se sienten los desterrados del tabaco: muertos en vida.
Me ha gustado el devenir y final de tu cuento.
Un abrazo, Diego.

Anónimo dijo...

et pendant que le corbeaux funèbre
fouille ces noires étendues de fumées de neige
il se consume et fume a fleur de faux
prisonièr d'un lumineux mmanège
ou ces lèvres sans fièvre et rêve assouvie
color en noir ces nuits sous la pluie
ou son corps se détruit
peu a peu ,peu a peu peu a peu
sous le feu

Bonne journée Diego
accompagné d'un Baiser
Elisabeth

Carmela dijo...

Antes lo dudaba... ahora lo tengo muy claro, clarísimo.
NO PIENSO DEJAR DE FUMAR.
Gracias por sacarme de dudas.
Un biquiño cual brisa marina en mejilla.

Anónimo dijo...

Me alegro, Marisa. Ese es su sino, el destierro. Apestados.
Un beso.
Diego

Anónimo dijo...

Líneas melancóilicas y atmósfera pesada, cargados sentimientos, Elisabeth. Gracias por ellas.
Un beso.
Diego

Anónimo dijo...

Todo un placer. Carmela. ¿Y todo el ritual del tabaco, además? Pero...
Un beso, de esos tuyos, tan pooéticos.
Diego