12/10/09

Covalanas. Cantabria


La boca es relativamente ancha. Notas una corriente de aire frío, y como la temperatura baja de golpe, a quince grados, al entrar. Es como si accedieras a otro mundo, a otro espacio, como si invadieras algo sagrado. Todo se aquieta, se adormece. El corazón cambia el ritmo ante la quietud, ante el silencio, ante la promesa. Todo se hace pausado. Las paredes, lisas, acariciadas por siglos de agua vieja que las ha suavizado para crear formas sensuales. Hay dos columnas, producto de las lágrimas de la tierra cuando llora hacia dentro, que sostienen un arco natural, casi conocopial, que da paso a sus entrañas, al útero sagrado, al centro de la madre; invitándote a penetrar, a adentrarte en lo sacro, en lo sublime, acogiéndote.
La mayoría de las pinturas, en rojo (hechas a base de puntos con el índice o el pulgar), representan cérvidos. Todas hembras, salvo dos -un caballo, con las crines y las barbas al viento, y un uro-. Las patas, a veces, aprovechan los entrantes y salientes de la piedra, mostrando la carrera, el movimiento. Los cuerpos de las ciervas, en movimiento o en reposo, mirando al que les mira, incitando, mostrando. Los cuerpos de la derecha en dirección al interior; los de la izquierda hacia el exterior. Cuerpos perfectos. A veces inacabados, aprovechando las oquedades de la roca o los resaltes, terminando el lomo o la barriga en las crestas de la roca caliza. Escorzos, naturalismo. Todo inventado hace veinte mil años.
El camino se achica, se oscurece, si ello fuese posible, aprisionando, entrañando, apretando, protegiendo. Cada vez te sientes más parte de la tierra, de la madre, del todo.
Todo invita a la contemplación, al recogimiento, a la introspección, a la búsqueda del yo interior, a la unión con el todo. Diluirse. Desaparecer en la magia de la magia, creada por un ser que conoce, que ha alcanzado la capacidad de conocer, de saber, de ser, de interpretar y expresar. Probablemente una mujer. Sin duda una mujer, y especial. Nadie, sin la sensibilidad de una mujer, sin el conocimiento de una mujer, sin tener la inmanencia que ella posee, sin la capacidad de parir, de dar vida en la vida, sería capaz de pintar algo así, de expresar la vida de esa manera, de mostrar el conocimiento del mundo y la unión con el otro. La mujer, Dios, el todo.
Ahí uno se siente de verdad. Ahí es donde quiero ser. Ahí es donde quiero estar. Nada es fuera. Arte total. Veinte mil años. La verdad está ahí fuera, ahí dentro, pero casi nadie la sabe mirar.
Viaje iniciático. De ida y vuelta. Entrar para salir renovado, cambiado. Otro. Sabio. Yo estuve allí.

6 comentarios:

Tânia Souza dijo...

Também eu estive ali, ao ler esse texto, em cada palavra impregnada de poesia, de lirismo, de uma sensibilidade pungente desse belissimo texto que leva-nos, ao leitor tão distante, ao momento-magia que as palavras convidam.

Anónimo dijo...

Estou contente, Tania, que você fez essa viagem e sentiram a alegria e emoção que senti ao entrar ela. É um dom de ler aquelas palavras em sua língua, e vindo de uma escritora como você.
Muito obrigado. Sempre um prazer.
Um beijo.
Diego

Ruth dijo...

Como siempre un placer visitarla de tu mano y un profundo anhelo.

Besos.

Anónimo dijo...

El placer es mío, Ruth. ¿Anhelo de qué? Ahora lo que hay que hacer es mirar con tus propios ojos esa belleza que esconde y sentir en carne viva, en carne propia, eso que está ahí, que yo vi, que yo sentí. Seguro que sientes algo especial. Seguro.
Un beso.
Diego

Ruth dijo...

Sí anhelo, porque dentro de una semana llegan mis ansiadas vacaciones, que iban a ser un viaje a París o Portugal, aún andaba indecisa. He estado en ambos sitios pero tenía ganas de volver. Pero las cosas se torcieron y a falta de una semana ni si quiera sé si podré salir de vacaciones esta vez y eso me mata, porque yo cuando tengo vacaciones necesito salir desesperadamente, viajar me da tanta vida jajaja. Bueno, no pierdo la esperanza del todo, quien sabe.

Besos

Anónimo dijo...

Me alegro por las vacaciones y lo lamento por ese torcimiento del viaje. Pero para viajar no hay escusas. Se coge la maleta, se echan unas cuantas cosas, se mira el mapa, se escoge un destino y se compra el billete. Viajar siempre es un placer, con o sin compañía. Un placer.
Si anhelas viajar, viaja. No lo dejes.
Un beso, Ruth.
Diego