16/10/09

Escuchar, escucharnos.

Dicen los expertos que normalmente las personas tendemos a evitar la información que contradice lo que pensamos sobre algo. Preferimos, incluso, validar nuestras opiniones con otras similares, evitando la información que refuta a lo que ya pensamos, aunque existan ciertos factores que puedan motivar a buscar otros puntos de vista, a buscar la posible verdad. Creía que lo hacía siempre, en la mayoría de las cosas, pero a veces, cuando hay elementos emocionales de por medio, me he dado cuenta de que no lo hago. Me muevo a impulsos descontrolados. Esto puede ser un problema en un montón de situaciones, porque a veces se toman decisiones equivocadas por basarse en información equivocada o sesgada. De ahí las palabras probablemente, de ahí determinados hechos. Y de ahí mil errores. Es algo que hay que corregir.
No sólo no escuchamos lo que nos produce conflicto sino que buscamos lo que queremos oír o leer. Las razones pueden ser muchas según los expertos en el tema, inseguridad de las propias ideas, ansiedad al ser contradichos, el ser dogmáticos, inseguros, y sobre todo en temas que no tienen una verdad absoluta.
Pero hay dos factores que conducen a buscar nuevos puntos de vista, como el tener que debatir las ideas, sobre todo en público, aunque también en privado, lo que requiere conocer las del contrario, y eso nos lleva a conocer, a poder criticar las nuestras, a comparar; el segundo factor se puede producir cuando está en juego algo muy importante para uno mismo. Sin embargo, muchas veces, la mayoría de las personas nos negamos. Y lo hacemos como verdaderos estúpidos. Cegados. Y no hay más ciego que el que no quiere ver. Hay que abrir los ojos. He de abrirlos, porque esto no puede ser. Hay que hacerlo si se quiere mejorar.
Hablar es importante. Escuchar es vital. Es la única forma de aprender, de crecer, de evitar. Para ello hay que saber y querer, claro está. La empatía, por otra parte, es esencial. Nos humaniza y nos acerca a la verdad. Qué difícil es hacer las cosas como se deben hacer cuando es tan fácil de hacer, y sin embargo no lo hacemos y deambulamos en el orgullo, en el no saber estar, dando vueltas y revueltas para quedarnos con nuestra “única” verdad. Eso sí, con el beneplácito de los que nos quieren adular. Y cuánto perdemos. Yo el primero. Y todo por no saber escuchar, por no saber escucharnos, por no querer, por...

7 comentarios:

Rudy Spillman dijo...
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Ruth dijo...
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Anónimo dijo...

Mil perdones, Rudy y Ruth. No sé qué ha pasado. Si he eliminado yolos comentarios (sin querer, por supuesto), o algún fallo de blogger.
Lo lamento porque siempre los aprecio en lo que valen, y valen. Seguro que, dado el tema, me llevarían a reflexionar aún más. Seguro que aprendería de ellos.
Lo siento de nuevo.
Un abrazo, Rudy, mi buen amigo. Y un beso Ruth.
Diego

Rudy Spillman dijo...

En una oportunidad y promediando la finalización de mi último libro publicado, borré un capítulo entero. Pero no me bastó con borrarlo. También lo hice del cesto de basura (y me sentí más "basura" que el "cesto" por ello). ¿Acto fallido? ¿Actitud autodestructiva? No lo sé. Por más insultante que nos suene, somos seres "humanos".
Mi apreciado amigo Diego, conmigo no debes disculparte. Antes bien, festejemos juntos tu "borrada", que para algo habrá debido servir.
(Y si se vuelve a borrar porque son ineptitudes de Blogger, pues tendrá que vérselas conmigo puesto que continuaré escribiéndote, una y otra vez hasta que corrijan sus "errores").
Disculpa la perorata.
Te envío un fuerte abrazo, muchacho.

Anónimo dijo...

Me encanta tu sentido del humor, tan argentino. Siempre es un placer leerte, y en este caso que me sacas una sonrisa enorme, más si cabe. Y lo mejor es que siempre hay algo que aprender de tus palabras. Estaba yo preocupado, y quizá que sirva de algo. Estaré atento.
No es una perorata, es un deleite.
Un fuerte abrazo Rudy.
Diego

Andrea dijo...

Con el tiempo, aprendí a escuchar, a hablar lo necesario y a opinar certeramente(a veces) Todavía me queda por aprender. No ha sido una tarea fácil. Es verdad que tendemos a leer o a buscar lo que nos conviene, lo que aprobamos, pero he descubierto que en lo que no apruebo o no me gusta, también puedo encontrar algo que aprender. La vida es un libro abierto, y nosotros los ojos. Muy buena reflexión Diego. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Preciosas tus palabras, Andrea, y verídicas. Tienes el don de saber ver la vida y contarla, trasmitirla.
Gracias por ellas.
Un abrazo.
Diego