24/10/09

Lluvia púrpura


Llamé, entre el sonido de las sombras. Grité, esperando escuchar a alguien, pero solo encontré el eco como respuesta inerte entre una suave lluvia púrpura, inclemente. Solo pedía amor, amistad, pero no había nada, solo lluvia púrpura en la noche, coloreando mis lágrimas sobre la cara.
Y ahora siento, bajo las nubes, algo pequeño, entre lo eterno. Cómo me moja, cómo me quema esta lluvia. Y el frío entre las manos del vacío que acarician, de esta hora. Hora triste, lenta, y aun así suave y acogedora como la lluvia púrpura que moja mi cuerpo, mi alma, ahora.

5 comentarios:

Ruth dijo...

Bendita lluvia, sutil acompañante de los momentos de soledad, cuando uno pide a gritos silenciados y parece que sólo el cielo escucha nuestro llanto. Bendita lluvia que cae dulcemente para renovar el alma cansada.

Besos Diego.

Alejandro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alejandro dijo...

La soledad nunca fue una buena compañera, y menos cuando es impuesta. Así duele más.
Lluvia que moja las almas con la esperanza de limpiar todo mal, causado y sufrido, pero que no puede ayudar almas ya negras. Negras de tanto dolor, de tanto fracaso, de tanta perdida, de tantas cosas... Demasiadas para una existencia tan fugaz y efímera, pero así es la vida y como la sobrevivimos es lo que nos diferencia. Es por lo que a veces, "sucede que me canso de ser hombre".

Un abrazo

Anónimo dijo...

La lluvia siempre es un placer, Ruth, sentirla como escurre por la cara. Lava, refresca, acoge, calma. Un placer intenso. Y qué poco llueve aquí, carajo.
Y un placer tenerte por aquí.
Un beso.
Diego

Anónimo dijo...

Pero la soledad también es acogedora, Alejandro; enseña, si sabes entrar en ella. En la soledad es cuando uno puede internarse en los adentros y encontrarte y saberte, aprenderte y mejorar, mejorar con ella. Si no es buscada duele, a veces, pero calma y enseña.
Sobre el alma... negra, cansada, angustiada, muerta. Y sin embargo, te digo, que el alma si es grande, y buena, puede y merece un respiro, y mirar la vida y beberla, sintiendo y sabiendo mirar.
Sí, a veces cansa ser hombre, pero qué placer serlo en esta vida que se nos ha dado como un regalo. Vivamos, despacio, suave, lento, sabiendo mirar, pero vivamos.
Me gustan tus frases.
Un fuerte abrazo.
Diego