2/5/10

El otoño de las rosas

Necesito que apartes el velo, aun de seda, para verte sonreír, para poder hacerlo, para poder reír. Y es que nos queda tanto por decir, por ser y por sentir…
Alimentas mis adentros, en silencio, cuando te siento, cuando te huelo, como un drogadicto de luz, donde busco la verdad que sé, la fuente del ser, del saber, de todo; de eso que no se puede dejar, que se lleva como una oración, prendido en el pecho a fuego y cincel, como una promesa, como un milagro que no puedes creer, pero que es.
No quiero vivir más en tiempos rezagados, en el silencio del mundo, mientras no haya nada. Quiero el brillo de las perlas de lluvia. No quiero el otoño de las rosas, sino el esplendor de su olor, la primavera, tus pasos. Y escribo, por eso, con la nostalgia de un niño, nostalgia de la vida, nostalgia de ti. Y siento, como una pérdida, la vida no hecha. Por eso quiero verte sonreír, para poder hacerlo, para poder reír, por pura necesidad de respirar, de sentir, pero necesito que apartes el velo, para poder seguir, para ver la luz, para mirar la lumbre, para verte, ahí, a ti.

2 comentarios:

Ruth dijo...

Se desprenderá el velo y caera sobre los pies inmaculados, y su sornisa te deslumbrará para devolverte la más expléndida primavera.

Besos Diego.

Anónimo dijo...

Qué pocos entran en los escritos así. ¿por qué será? Un placer que tú lo hagas, Ruth, y que los sientas.
A veces los sueños no son sino eso, sólo sueños, aunque ¿qué hay más precioso que mecerse en ellos?
Un beso Ruth