19/5/10

El pesado fardo de Atlas

La lírica, por lo visto, sólo queda para los poetas malditos. Lo importante es sobrevivir, parece, guarecerse, obtener un resultado, no arriesgar sino lo justo, no sentir, dejar eso a buen recaudo, y esperar que los sentimientos se aplaquen o sean sustituidos, estar, simplemente estar.

Estoy cansado. No puedo, a veces, con todo. Hay cosas que me superan, momentos en que todo pesa de una manera tremenda, en que todo se junta y se acumula. A veces, como Atlas, levanto el mundo y sonrío, y parece que las fuerzas son suficientes; pero, a veces, también, el fardo es muy pesado, tan brutal que la sonrisa se troca en mueca y se dobla el espinazo.

No puedo con los drogadictos de la abstracción, con los imposibilistas, con los huidizos, con los insensibles, y con los sensatos para con los sentimientos. No puedo, quizá porque no soy como ellos, porque no los comprendo. Yo soy de sueños, de verdades, de sentires. No sé vagar eternamente, aunque a veces lo hago, por los piélagos del pudiera. Necesito tactos, pero no cualquiera, en esos no entro, sino en los de esencia, no en los d3 apariencia, aunque algunos hacen de ellos los otros. Soy de los que miran y ven que lo que es, es, y lo siento, y lo vivo y lo percibo. Soy de miradas, de palabras. Soy de los que quieren que todas esas cosas sean el resultado de los sueños, de los que están dentro, de los que dan resultado. Soy humano.

Solo. Muchas veces solo. No hay manera. Y es que no me conformo. Y todos recurren. Pero en el estar ya es otra cosa. Ahí cuesta, y cuesta por tantas cosas, por tantos miedos, por tantas fijaciones, por tanto evitar para… Y el fardo pesa y se incrementa.

Necesitamos refugio, a veces, resguardo de determinadas cosas de la vida, cuando nos da en la cara su brisa fría, cuando nos hace daño, por tantas cosas. Y lo buscamos y necesitamos. Pero hay momentos. A veces creemos que cualquier cosa nos guarda, y ahí nos quedamos, y equivocamos, y buscamos, y en otro lado nos guarecemos, y seguimos. Y no vemos, nos negamos. Un zigzag continuo. Respeto todos los caminos, pero no comparto algunos, prefiero otros, los que sigo. Tal vez esté equivocado, tal vez, pero prefiero estos, aun más dolorosos, pero que me son más queridos, más sentidos. Tal vez sea una parte. Pero siempre está ahí la razón que ocultamos, y aun así actuamos, una y otra vez, con una cosa y con otra, aunque sepamos. Y en esa búsqueda, a veces equivocamos nuestros pasos; a veces volvemos atrás, a veces nos conformamos caminando en círculos o en zigzag, por no reconocer quién somos y a dónde vamos, lo que queremos, lo que es importante y lo que tenemos, o lo que podemos, lo que perdemos, cómo saber completar, cómo tenerlo todo.

A veces no puedo. A veces me veo como ese Atlas sofocado, abatido, desconcertado por tantos pesos. Con el rictus en el rostro, en la boca una mueca y partido el espinazo.

Necesito de la sinceridad, de la naturalidad, de la sonrisa, de esas personas que saben recibir y dar. Necesito de la verdad, de la naturalidad, no de la artificialidad, del siento pero así, pero cambio, muevo, necesito, estoy así. Necesito un respiro, y lo necesito ya.

Ya no hay lírica. Sólo queda para los poetas malditos. Y eso debo ser yo, un maldito, un proscrito.

10 comentarios:

Roberto Muñoz dijo...

Todos pasamos por la figura de Atlas, y gusta, es lógico, pero tengo la sensación que el peso del fardo nos marca más que la efímera senscaión de ser Atlas. Igual es una apreciación mía, no lo sé. Aún así, seguiremos creyéndonos Atlas. No queda otra.
Me ha gustado.
Un abrazo.

Isabel de León dijo...

AMEN!!Q bonito Diego...somos así...y aqui m tienes xa compartir un trozo de verso donde resguardarte,jeje...
M HA ENCNATADO xq lo he sentido cercano...

Saludos de la chica proscrita ;D

Carmela dijo...

Cuando así me siento, me abrazo yo misma.
Naturalidad, sinceridad.
¿Asquerosamente humanos?
Yo lo soy, y estoy orgullosa de ello.
Tú lo eres, y un orgullo leerte asi, natural, sincero, las mayores virtudes del ser humano.
Biquiños.

Anónimo dijo...

A mí no. Ser Atlas es demasiado trabajaso, pero es algo inevitable. La vida te da siempre. Y lo que marca, ahí sí, es el fardo, que pesa y pesa. Con lo fácil que sería llenarlo de cosas livianas, agradables, pero... Al menos eso creo. No es fácil pero...
Me alegro que te gustase.
Un abrazo chaval.
Diego

Anónimo dijo...

Lo has sentido cercano porque eres de verdad. Me encanta compartir contigo, porque no hay muchas así. Y es que estoy como un Diogénes, mirando dónde hay una mujer, de las de verdad, lo que hace que encontrarte sea un placer, inmerecido y lejano, pero placer, y sentido. Un día cojo un avión y compartimos una puesta de sol en tumar. Ya verás.
Un saludo chica verdadera.
Y un beso.
Diego

Anónimo dijo...

Al final sólo nos queda la piel, y el alma para sentirla, muy dentro. Ser humanos, cómo cuesta, ¿verdad? Es que es para estar orgulloso de ello.
Gracias, pero sólo intento serlo, aún me queda un enorme trecho.
Un beso para ti también.
Diego

Ornella dijo...

"el fardo es muy pesado, tan brutal que la sonrisa se troca en mueca y se dobla el espinazo."... compañero, Diego.. con las letras que demarcan el texto.. me he dejado llevar.. con las imágenes en mi cabeza, con la reflexión puesta en los piés.. me ha encantado.. un hilvan que decoras con tus "decires" que dicen en demasía_ de una manera.. muy elegante, siempre me calza el zapato_ y no necesito calzador_ justo.. al pié!.. buenísimo.. cariños..

Isabel de León dijo...

Cuando quieras Diego!!!por aqui estamos...el sol, el mar y yo,jejejeje...en la calle con tu nombre!!!jajajajajajaja(ay!se m escapo la solución)

Saluditos de la chica Dondiego.

Anónimo dijo...

Siempre valoras en demasía mis letras, Ornella, y es cosa que agradezco, y bien, más con siendo así, y escribiendo como lo haces. Pero no sé, sigo pensando en excesos. Y me gusta, también, tu forma de decir, tan típico de allí, pero al tiempo tan tuyo.
Me exlicarás esa expresión de "al pié, compañero"? Me suena a tiempos y estares de exaltación obrera. ¿Es posible?
Una brazo, pues, compañera.
Diego

Anónimo dijo...

Lo había adivinado. Me lo pusiste muy fácil Isabel.
El conjunto es de lo más tentador, mar, sol y tú. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Buscaré espacios para ver contigo esa puesta de sol. Es una promesa, que me hago.
Un saludo chica del nombre bonito (¿por el mío o por el tuyo?...).
Diego