25/1/10

La magia de la Gioconda

Algo de Arte, suave, delicado, mágico, para estos tiempos tan vacuos, tan ausentes, tan llenos de nada y sin embargo con tanto. Para los que saben degustar. Algo que alegra los sentidos, que ensancha el alma, que la eleva, que la calma.
¿Por qué nos resulta tan extraña y a la vez atrayente la Gioconda, al margen de su fama? Tanta que acaba, a veces, cansando. Por eso lo mejor es mirarla como si nunca la hubiésemos visto, como si no supiésemos nada de ella. ¿Por qué nos produce eso? ¿Por su misteriosa apariencia? Hay algo subyugante en su sonrisa, en su mirada, en su expresión. Quizá por eso nunca sabremos cómo nos mira. En el rostro, la expresión reside básicamente en dos rasgos, los labios y los extremos de los ojos, y eso es lo que da Vinci dejó a la incertidumbre, como licuándose en suaves sombras. Es como si se nos escapase su expresión.
Parece que vive, que piensa, y que nos mira. Cambiante y distinta cada nueva vez que la miramos a ella; con aflicción, sonriendo. Y el efecto es mucho más acusado si observamos el cuadro, allí, en el Louvre.
Ese resultado es buscado, pero sólo está al alcance de los grandes genios. Da Vinci fue uno de ellos. Trató, y consiguió, de que ese rostro no pareciese el de una estatua, sino que tuviese vida, que no pareciese que el pintor la hubiese encerrado en un espejo para la eternidad sino que pudiésemos imaginarla moviéndose y respirando. Para ello dejó que el espectador pudiese imaginar, no dándole algo. Con cierta vaguedad en la forma de los contornos, no tan precisamente dibujados, como desapareciendo en la sombra. Ese contorno borroso, esos colores suavizados que hacen que una sombra se funda con otra dejando algo a la imaginación del público, es lo que él hizo, es el sfumato leonerdesco.
Pero hay más en la Gioconda, no sólo eso. Algo aún más profundo, atrevido, brillante. Los dos lados no coinciden exactamente, tanto en el rostro como en el paisaje que hay detrás. El izquierdo del cuadro está más elevado que el derecho, en el rostro y en el paisaje, con lo que si centramos la mirada en la parte izquierda, ella parece más alta que si la centramos en la derecha, y si miramos un lado u otro de su rostro, éste parece cambiar también.
Pero Leonardo es mucho más que un mago de la pintura. Leonardo es un genio, un creador. Él dio vida a ese rostro, a esa persona, plasmando perfectamente el rostro, el cuerpo, los ropajes. Sólo hay que observar la mano, la manga, con ese naturalismo, con esa perfección en el detalle.
Leonardo enseña, en la Gioconda, que sabía dar vida con el color. En todo ello radica el misterio, la magia, la genialidad del maestro. No hay ningún otro misterio en ella, en la Gioconda, en ese cuadro. Ahí está el misterio, en esa genialidad, en esa creación nueva, en la capacidad de dar vida y en que el que lo mire, nosotros, la imagine, la imaginemos; en que la veamos, la sintamos, y sepamos apreciarlo.
Escribí algo sobre él hace mucho. Por ahí anda, perdido en este blog. Una delicatessen para degustadores de la belleza, de la vida, de la magia, del misterio, de la verdad.
Léeme lector, si mi lectura te agrada. Porque en contadas ocasiones retorno a este mundo…”, decía el maestro. Leamos y miremos, pues nunca sabremos cuándo ni si volverá.

6 comentarios:

María Jiménez V. dijo...

. Es inútil tratar de interrogar a la famosa sonrisa de la mujer para averiguar los sentimientos que alberga en su ánimo: no alberga ninguno en particular, sino el sentimiento difuso del propio ser, plenamente ser y en una condición de perfecto equilibrio en el mundo natural.
Para disfrutas de la genialidad del autor y de esta extraordinaria obra.
Solo debemos mirarla con los ojosdel alma y dejarnos llevar y sorprender en cada pincelada, en cada trazo, en cada sombra, en cada punto de luz que encontramos en la Gioconda...
Feliz semana
Un abrazo, Diego

Hermione y Harry dijo...

¿me resulta raro por que no se ven sus cejas si su cabello es obscuro?

Anónimo dijo...

Llevas razón María, pero como se ha hablado tanto de ella, y desde el desconocimiento y tratando de... Pero el Arte es para disfrutarlo en sí mismo, por la belleza, por lo que produce. Y la Guiconda es sólo eso, Arte. La obra de una arista genial que da vida.
Un saludo y feliz semana para ti también.
Diego

Anónimo dijo...

Porque la moda en aquella época, en aquella zona era depilárselas totalmente.
Diego

Eugenia dijo...

Y a mi que cuando la contemplo me produce escalofríos... Es como si una malicia escondida se asomase ladinamente en esa sonrisa extraña. Lo que dices, Diego, que cada uno entresaca lo que quiere. Lo mío no tiene explicación; o sí, y sólo veo esa parte oscura de los seres humanos que a veces hemos comentado .

En cualquier caso... gracias; porque Leo era un genio como la copa de un pino y cualquier cosa que sea producto de esa genialidad es bienvenida.

Y tú, como siempre, eres un regalo.
Un beso sibilino, jiji.

Eu.

Anónimo dijo...

Al final, cuando se crea una obra queda ya para el espectador, y la hace suya, y es suya. Y por tanto lo que le diga, lo que le haga sentir, ver o pensar es lo que es. Y esa parte oscura está si tú la ves. En ese momento la Gioconda es tuya. Y sí que lo era, uno de los más y por tanto...
El regalo eres tú, Eugenia. Y ese beso, también para ti, aunque lo de sibilino no sé.
Diego